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Don Peregrino Otero

Recordando las personas ilustres de Zapatoca, encontramos a Don Peregrino Otero, ejemplo de caballerosidad, de servicio a la comunidad, de honradez, de laboriosidad ya que desempeñó infinidad de trabajos.

Registrar la vida de don Peregrino fue para nosotros muy difícil, por lo que tuvimos que recurrir a sus hijos, y hoy presentamos en versión de Víctor Gabriel y de Inés, lo más próximo a una historia de su vida.

Don Peregrino Otero, ampliamente conocido en Zapatoca hasta finales del siglo pasado, muy querido por todos, llevó una vida de servicio, rutinaria, porque toda ella se limita a servir sin esperar recompensas.

Es que él sentía que debía servir, hacer favores, solucionar problemas, pero ignoraba concientemente, que eso tenía alguna retribución.

"No era raro cualquier domingo, a las siete de la mañana encontrar a Don Peregrino, parado en la mitad de la calle, por más de media hora hablando con alguna persona. Había salido para el mercado, pero se había quedado a media cuadra de la casa, atendiendo una consulta de alguien que tenía un problema. Nosotros ya estábamos acostumbrados a eso. Siempre que salía de la casa se encontraba con alguien y era un parlamento de mínimo media hora.

Las preguntas iban desde ¿cómo elaborar un memorial para cambiar el bombillo de la esquina? porque los muchachos lo rompieron a piedra, hasta solicitarle la elaboración de la declaración de renta o que le ayude a sacar de la cárcel al marido que por allá se metió en líos", nos dice Víctor Gabriel.

 

"Ese era don Peregrino; eran tantas y tantas las obras que hacia , los oficios que realizaba que sus 24 horas eran insuficientes para terminar con sus labor cada día y sin embargo así sacaba tiempo para llevar a sus hijos a la cueva del nitro, al pozo del ahogado, preparar un buen piquete y disfrutarlo en ese fabuloso clima. Cada año por el mes de enero se llevaba a cabo la recolección de los diezmos y nosotros le ayudábamos, por turnos a recibir las donaciones de todas las gentes que acudían con sinceridad y confianza a entregar su donativo.

Para eso se les expedía un recibo y don Peregrino uno a uno cada centavo era entregado al párroco del pueblo. Yo recuerdo cómo las ancianitas llegaban con sus centavos envueltos un la punta del pañuelo o en el dobladillo de la falda.

También tuvo a cargo el recibir lo de sanitas y repartirlo entre la gente necesitada, cómo llevo el pan a tantas familias y que con el corazón le decían Dios se lo pague. Visitábamos también los presos en la cárcel, era tan grande su honestidad y su rectitud que le veíamos saludando a algún compadre que por algún motivo se encontraba detenido, estudiando nosotras en el colegio nos facilitaba los permisos para entrar a enseñarles a los presos a escribir y a leer, esto como clases de alfabetización.

Era Presidente de la junta directiva del Colegio de la Presentación; cómo le dolió el enterarse que el colegio se había acabado, que ya no estaban las hermanas. Este dolor igualmente nos afecto a nosotras sus hijas pues cómo hubiésemos querido poder llevar a nuestros hijos a educarlos de la misma manera como fuimos educados nosotros.

Pero don Peregrino es feliz, don Peregrino tiene la gran satisfacción que hizo todo lo que estuvo a su alcance por Zapatoca, don Peregrino ama a Zapatoca inclusive se le pregunta quiere ir a Zapatoca y con su cabeza dice Si. Las circunstancias de la vida, la educación de sus hijos lo hicieron partir a tierras lejanas dejando huellas de gratitud y amor hacia zapatoca y hacia todos los zapatocas y agradecido con la vida porque no fue un hombre rico, fue un hombre honrado y eso le mereció educar a sus diez hijos, 5 hombres 5 mujeres, que a la fecha están todos perfectamente bien organizados, realizados y formando de la misma manera a sus nietos y bisnietos", nos comenta Inés.

"Es que don Peregrino Otero fue todo un personaje en Zapatoca. Sin ser abogado, todas las consultas jurídicas llegaban a él. Se inició como portero en el colegio de los padres dominicos, y después de recorrer muchos cargos, se jubiló con el cargo de juez promiscuo municipal de Zapatoca. Promiscuo, no por resolver asuntos maritales sino por servir como juez civil y penal al mismo tiempo. Es pues de las pocas personas que a pesar de ser promiscua, todo el mundo respetaba y veneraba.

A su casa y a su oficina acudían casi todas las personas del pueblo a solicitarle servicios, los cuales en su mayoría prestaba con carácter gratuito, pero que luego eran recompensados con una gallinita, o un racimo de plátanos o un bultico de yucas. Porque eso sí, a pesar de la fama, los Zapatotas nunca somos desagradecidos", remata Gabriel, y continúa:

 

¿Quien elaboraba las declaraciones de renta en Zapatoca? Don Peregrino. ¿Quien hacia los memoriales para la alcaldía? Don Peregrino Otero. ¿Tiene un problema porque a su muchacho se lo van a llevar para el cuartel y es el único hijo? Vaya donde don Peregrino, él le dice que se puede hacer. También elaboraba escrituras, emitía conceptos jurídicos, hacía contratos de arrendamiento, llevaba las actas de la adoración nocturna etc. llegó a ser gerente de la cooperativa de ahorro y crédito.

De portero del colegio de los padres dominicos, pasó a trabajar en el acueducto con Don Julio Martín Acevedo Díaz, quien posteriormente fuera Gobernador de Santander y de allí pasó a ser mensajero de la empresa de correos y telégrafos nacionales. Don Peregrino todavía recuerda como en aquella época, cuando se inició el uso de la clave Morse para la comunicación entre las personas, quien recibía el telegrama pagaba el servicio.

Al principio, cuenta él, cuando llevaba los telegramas, algunos en Zapatoca leían el telegrama y luego lo devolvían manifestando que no les interesaba comprarlo. Así duraron varios meses hasta cuando les llegó la orden de cobrar por abrir el telegrama.

Como mensajero aprendió telegrafía, y de telegrafista llegó a jefe de la oficina, debiendo afrontar el cambio de la empresa de correos y telégrafos a lo que hoy llamamos Telecom. Fue uno de los pioneros del linotipo, una de las varias revoluciones que han sufrido las telecomunicaciones.

Pero su carrera no quedó en las telecomunicaciones, debido a los cambios de política de la época, sus puestos por el servicio público también fueron oscilando; de telegrafista pasó a personero, luego gerente de la cooperativa, luego juez. Los únicos puestos que sí mantuvo por muchos años sin que tuviera rival fueron la secretaría de la adoración nocturna, por lo que en la iglesia deben reposar un sinnúmero de actas de su puño y letra, la mayordomía de fabrica, que implicaba la recolección de diezmos y primicias que pagaban los fieles y en distintos puestos en la sociedad de San Vicente de Paul, entidad que construyo el barrio San Vincentico, albergue para los destechados. De todos estos cargos quedan muchas actas las cuales deberán servir de ayuda para quien quiera complementar la historia de Zapatoca. Hay que buscarlas.

En la década del ochenta, comenzó la migración de la familia a Bogotá, fue un proceso lento, primero se fue Jorge, el segundo, luego Pepa y así sucesivamente. Definitivamente Zapatoca hoy sigue siendo un pueblo de nómadas con mucho amor patrio. Casi todas las familias de aquella época están viviendo en otros lados, pero su corazón sigue en Zapatoca.

Recuerdo que en aquellos años, cuando recorríamos los campos de los alrededores, Padrecito, como cariñosamente le decimos, nos mostraba cada una de las casitas campesinas que se veían en la distancia, nos contaba quien era el dueño, cuales eran sus linderos, quien había sido el dueño anterior y cuales problemas jurídicos se debían resolver o se estaban ventilando.

Luego de un rato de silencio, decía para sus adentros, pero con voz tan fuerte que era imposible no oírle: "Yo no soy capaz de irme de Zapatoca." Y la verdad que llevarlo a Bogotá fue toda una odisea que requirió varios años de ablandamiento.

Después del infarto y el derrame cerebral que estuvieron a punto de cegarle su vida en 1987, regresó un día a Zapatoca. Pero no regresó Don Peregrino, el señor de los memoriales y la declaración de renta, sino un viejo achacoso y perseguido por la muerte.

Algunas personas al verlo, reflejaban en sus rostros una alegría incalculable, pero luego, al notar que no se podía comunicar, que no podía hablar porque los estragos de la enfermedad le habían quitado la facultad de la comunicación, se alejaban indiferentes. Esto le generó un dolor tal, que luego de tres días de permanencia ya no quiso quedarse mas, decidió que nos fuéramos y ya no pudo volver a la Zapatoca de sus amores.

Hoy vive en los Estados Unidos. Allí, pregunta en forma permanente por Zapatoca. Le contamos de Lucía, la persona que nos acompañó toda la vida, y de quienes todavía están con nosotros, le damos las saludes que le mandan, pero no le contamos de sus amigos que se han ido porque queremos que los mantenga a todos en su corazón, con el mismo afecto con que los trató mientras estuvo viviendo en Zapatoca.

El desde allá, del otro lado del charco, como acostumbramos decir, les envía saludos a todos esos amigos a quienes sirvió y quienes le sirvieron para la realización de su vida.

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