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Carmen Rosa Pinilla Díaz - Secretaria General - Centro de Historia de Zapatoca

Carmen Rosa Pinilla Díaz - Secretaria General - Centro de Historia de Zapatoca

 

HISTORIA DE ZAPATOCA EN  SEGMENTOS

Queridos amigos e hijos zapatocas, como igual  hermanos de los pueblos vecinos que a esta hora están pendientes de la iniciación de este hermoso programa, donde caminaremos de la mano de la historia, y conoceremos el devenir de la patria, en todas sus manifestaciones. El Centro de Historia de Zapatoca, desea que todos conozcan los pormenores de cómo se fue formando la población, el nacimiento de nuestra querida ciudad, como igual muchas cosas inherentes a nuestro pasado y a nuestro presente, para luchar unidos porque nuestro futuro sea próspero y benéfico para todos.

Un pueblo sin historia, es un pueblo sin pasado y debemos conocer cómo fueron los orígenes del nacimiento de nuestra ciudad; muchas veces, las familias  hacen un recuento pormenorizado de la vida anterior de sus padres para llegar al conocimiento de cómo se formó el hogar y comienzan un trabajo largo y dispendioso que se llama “la genealogía familiar”: visitan pueblos distantes, van a las parroquias en busca de partidas de nacimiento, de bautismos, de matrimonios, de defunción,  igual llegan a las Notarías buscando registros civiles y todo para hacer un álbum grande donde encuentren toda la familia, tanto de sus padres, como de los abuelos;  muchas veces pasan años buscando sus raíces, hasta que al fin, el esfuerzo es bendecido y se forman esos árboles inmensos, con las semillas  de papá, mamá, abuelos, bisabuelos, tatarabuelos, etc., y encuentran que cada árbol tiene ramas y ramas y muchas ramas, cada una con una familia diferente. Es un trabajo bonito, pero agotador.

En cambio aquí, el trabajo se hará directamente a través de esta tribuna, cada sábado a esta misma hora;  no iremos a ninguna parte, porque la historia está ahí, lista para contarla a propios y extraños.

Les agradecería tomar atenta nota de lo que a partir de hoy, se dirá aquí, porque  dentro de algunos meses, seis, siete, en fin, daremos las pautas de un concurso sobre la HISTORIA DE ZAPATOCA. Bien amigo, hoy comenzamos con algo de valor fundamental, NUESTROS SÍMBOLOS PATRIOS, y como el tiempo avanza, empezaremos por conocer el significado de nuestra Bandera y del Escudo.

 

Veamos entonces:  

 

ZAPATOCA Y SUS SIMBOLOS PATRIOS

NUESTRA BANDERA

Hace más de diez años, nuestra ciudad tiene su Bandera; se hizo un concurso con participación libre, en el cual tomaron parte casi 100 participantes, en su mayoría estudiantes. Hicieron parte del jurado calificador los Srs. Norberto Serrano Gómez (el popular escritor humorístico de Broma y de Veras), don Mario Acevedo Díaz, Luís Aurelio Díaz Orejarena, y el Maestro, Gustavo Gómez Ardila, ganando el de la familia García Plata.

Por Acuerdo No. 014 del 06 de diciembre de 1983, modificado posteriormente por el Acuerdo No. 037 de 1993 en relación con el orden de los colores, Zapatoca tiene su Bandera, cuya especificación, entre franjas horizontales de igual dimensión y en orden  descendente en los colores BLANCO, VERDE y AMARILLO, y  que tienen un significado muy especial para la idiosincrasia del zapatoca, es la siguiente:

 BLANCO: significa la paz, la tranquilidad, la pureza de sus gentes, principios básicos que debemos conservar a toda costa para el bienestar de sus habitantes.

*Amigos, ¿Qué tiene este lugar que inspira amor y poesía?;  ¿por qué todos quieren regresar después de haber batallado las guerras de la vida? Por qué  este pedazo de tierra entusiasma tanto y llena el alma de tantas  ilusiones?: La respuesta es simple:  porque Zapatoca ha logrado la fortuna de mantenerse al margen de tanta violencia, de tanto crimen y tanto desasosiego que han despedazado el ritmo de las grandes y aún, pequeñas ciudades.

Durante generaciones,  la Villa de Benavides se ha distinguido por el ambiente de paz y serenidad del espíritu de sus gentes; celebramos nuestras fiestas sin aspavientos torpes, ni actitudes agresivas; nos congregamos en la alegría familiar y procuramos vivir caballerosamente como corresponde a personas de pasado honroso y generoso presente. Cuantos nos visitan aplauden esta manera de ser de sus gentes bonachonas, despreocupadas y joviales, que genera para ellos, los turistas, esta paz, fuente de progreso y bienestar.

Ahora veremos el significado del color VERDE:-  es el color de la naturaleza y el trabajo del hombre; se unen estos dos elementos, en amor a la madre Natura,  porque el zapatoca debe esforzarse con voluntad y amor para poder conservar la productividad de la tierra con el trabajo.

* Zapatoca no tiene riquezas, amigos, su riqueza es su clima envidiable, sus costumbres austeras y esto es suficiente para pegarnos al terruño con fe y esperanza. Todos sabemos que las tierras acá son estériles y sin embargo, amigos, nuestros queridos y amados campesinos luchan con las uñas y el sudor de su frente por sacar de la tierra el alimento que nos fortalecerá el cuerpo, el espíritu y el alma; cada semana se llena la plaza de mercado con el sufrimiento de nuestras gentes del campo, nunca llegan con las manos vacías, nadie nunca se ha acostado sin haber probado el bocado que semanalmente nos traen del campo; ¿de dónde brota la semilla que nos da la vida?, de tierras áridas que toca trabajarlas duro, para poder recoger semanalmente el  alimento que nos dará la vida. No hay mejor bonificación a este duro trabajo campesino, que el color verde de nuestra bandera, allí están estampados todos nuestros hermanos del campo, Dios les recompense su dura labor.

Por último, el color AMARILLO:- El  de la prosperidad, la inteligencia y la sabiduría del zapatoca, que a través de la historia ha dado grandes hombres y mujeres que descollan en todos los ámbitos del devenir nacional e internacional.

* De todos es conocido cómo los zapatocas son bienvenidos, solicitados y aceptados para puestos de responsabilidad y confianza,  donde se necesiten personas con eficiencia y cumplimiento del deber. El factor humano de esta región es sobrio, consagrado, inteligente y emprendedor y a la vez que animado de un valiente espíritu de sacrificio. Y esto tiene su explicación en dos características de influencia decisiva en el temperamento: la sangre heredada y la tierra en que se vive, porque el forjador de la reciedumbre y parquedad del tipo especial; el suelo, avaro y sombrío no paga con generosidad el sudor del que lo labra, ni concede largas a la pereza y la holgazanería.

Ésta es nuestra Bandera, amigos, debemos amarla porque simboliza la pasión por la vida, izarla en la fiesta grande del 13 de octubre, cuando recordamos que somos sus hijos, y quererla, como se quiere el recuerdo de la madre.

“Si la oración fecunda del trabajo
Le da a mi tierra su sustento y pan
Con la bandera el zapatoca siente
Un copioso sudor sobre su frente
Como lluvia benéfica de paz”.

Ahora bien, amigos, ya para terminar:   El día en que el grito, el tumulto y la agresión perturben la  paz franciscana de esta hermosa tierra, marcaremos la hora del desastre y habremos pisoteado en un momento, cuanto hemos logrado en los 266 años de feliz existencia y conducta intachable.

Pueblos donde el puñal hiere el corazón de sus hijos, donde las balas rompen el silencio de la noche, donde las bombas llenan de sombras el azul del cielo, no tienen razón de ser,  porque atentan contra la tranquilidad. La paz, pero una paz firme y duradera que nos haga amable la existencia, que no perturbe nuestras noches, que cuente a propios y extraños que somos un oasis en medio de tanta violencia, de esa locura colectiva que empuja a los hombres a odiarse y a matarse con la más deplorable ignorancia y la más inhumana insensatez.

Toda la paz y la tranquilidad que se respira en este pueblo,  fue sentida por todos los que nos visitaron en la Semana Santa: Una vez más Zapatoca se lució con su Semana Mayor, sinónimo de que aquí nunca ha habido, ni habrá la llamada “parranda santa”; aquí son días en que de verdad  se vive el amor del Señor, que se traduce en la paz y la tranquilidad de este hermoso lugar; fueron cientos de miles las personas que nos visitaron en los días santos y como siempre se llevaron la más linda de las referencias; y,  como siempre, nuestros sacerdotes, el padre Juvenal Landínez Porras, nuestro Párroco y su compañero, el padre Uriel Fernando Pico, como igual el padre LOZANO, supieron mantener viva la llama de la fe y la piedad, en el corazón de sus fieles; el respeto por las creencias y la costumbre de este pueblo, se tradujo en el silencio que observaron nuestros visitantes en las diferentes ceremonias que se llevaron a cabo; las estampas que vimos en todas las ceremonias y  procesiones,  hablan por sí solas; la inclusión de algunos cambios en sus costumbres tradicionales,   produjo la admiración de las gentes: los apóstoles fueron personas adultas, escogidas entre los varones que más se han distinguido por su espiritualidad y su amor a las creencias religiosas;  fue difícil la elección porque este  pueblo cuenta con cientos de hogares dignos y respetables, que bien podrían sus varones pertenecer a la cofradía de los discípulos del Maestro, pero Él escogió, para sus ministros,  doce únicamente. 

Otro cambio observado y que igual fue aplaudido por la comunidad, fue la utilización nuevamente del púlpito, que trajo a la memoria el recuerdo de épocas pasadas, reviviendo  sueños y esperanzas de un pasado glorioso.   

De modo que, amigos que nos escuchan por esta prestigiosa emisora, vivió Zapatoca una Semana Santa recogida y alegre y hemos demostrado, una vez más a nuestros queridos visitantes,  nuestra camaradería y amistad en los precisos momentos en que las gentes se odian y se matan por rencillas personales; ojalà logremos mantener este ambiente que nos permite reunirnos en el  calor del hogar de nuestros más bellos recuerdos.

EL ESCUDO

Queridos amigos y amigas, hijos de Zapatoca y pueblos vecinos que nos escuchan a través de las ondas radiales, tengan ustedes buenas y santas tardes. Continuamos con la linda historia de nuestro terruño, en el segundo programa que sobre el particular les tenemos;  y para recordarles sobre el concurso que estableceremos promediando el mes septiembre sobre lo que iremos aprendiendo acá, vamos a darles un recorderis sobre el significado de nuestra Bandera. Decíamos que los colores, en su orden son  BLANCO, VERDE y AMARILLO y nos recuerdan lo que representan:

- Blanco: significa la paz, la tranquilidad, la pureza de sus gentes, principios básicos que debemos conservar a toda costa para el bienestar de sus habitantes.

El color Verde:-  es el color de la naturaleza y el trabajo del hombre; se unen estos dos elementos, en amor a la madre Natura,  porque el zapatoca debe esforzarse con voluntad y amor para poder conservar la productividad de la tierra con el trabajo.

Y  el color Amarillo:- El  de la prosperidad, la inteligencia y la sabiduría del zapatoca, que a través de la historia ha dado grandes hombres y mujeres que descollan en todos los ámbitos del devenir nacional e internacional. (A medida que avancemos vamos a dar un vistazo a estos grandes personajes que le han dado brillo a nuestra ciudad; es bueno conocer algo sobre sus biografías, no les parece?)

Hoy conoceremos otro de nuestros emblemas: EL ESCUDO; yo quisiera hacer una pregunta a los rectores y profesores de los colegios de la ciudad, como igual de las veredas: ¿tienen en sus instituciones el Escudo de Zapatoca?; si lo tienen, conocen el significado?; posiblemente la respuesta sea NEGATIVA, ojalà que no. De todas maneras aquí les vamos a explicar la importancia de conocer este emblema, porque sintetiza lo que realmente somos los zapatocas; bueno, son los zapatocas, porque mi patria chica es San Vicente, pero dicen por ahí que “madre no es quien pare un hijo, sino quien lo  cría”, y en cierta forma, la mayor parte de mi vida la he pasado en la Levítica, sin desconocer a mi propia madre que es Chucurí, y desde aquí les doy un saludo cariñoso a mis paisanos.  

Fue  aprobado por  el Concejo Municipal en octubre de 1993, con ocasión de los 250 años de la fundación; fue diseñado por el Sr. Gerardo Díaz  y perfeccionado por el Pbro. Isaías Ardila Díaz.Está dividido en dos campos: en AZUL O COLOR CIELO, simbolizando la tranquilidad, la luz y la paz que reina en la población y que la hace merecedora  del regreso de sus gentes  a través del tiempo.  Todos nos hemos dado cuenta que Zapatoca parece un centro geriátrico de puertas abiertas, porque aquí llegan los que un día se fueron a batallar con el mundo y cuando ya el mar de la vida se encuentra en  calma, el puerto de llegada es Zapatoca; cuando las fuerzas están agotadas, cuando la campana de la vida ha dado el último toque, aquí llegamos a esperar la llamada del capataz diciéndonos que el viaje terminó y que debemos franquear el dintel de la puerta hacia el infinito.

La placidez y el clima bendito que nos cobija, nos envuelve en ese halo de misterio que hace que la espera más agradable. Ese cielo azul que nos cubre como si fuera una sombrilla, hace ver más apacible el horizonte en el otoño de nuestras vidas, ese azul del infinito que no está manchado con el hollín del modernismo, que no se ha salpicado de la sangre fraticida; algunos dirán, “pero si  Zapatoca dio muestras de heroísmo  en la época de la independencia, en el parque principal fueron fusiladas muchas mujeres y unos cuantos varones”;  SÍ, amigos,  eso es cierto,  precisamente por lo mismo que estamos hablando, por el respeto a la vida y a la libertad;  fueron épocas en que se luchaba por un noble ideal: ser libres, fueron épocas en que la esclavitud era el límite entre la dicha  y el miedo, entre la guerra y la paz, entre lo bueno  y lo bueno. Hoy somos felices en este pedazo de tierra que el Cielo nos regaló y en donde esperamos el arribo de la nave que nos llevará al puerto infinito de la gloria; eso significa, queridos hijos zapatocas, eso significa, el azul o color cielo  que cubre la parte interna de nuestro Escudo.

Ahora, ese  color azul lo atraviesa una franja de color ROJO que   representa la nobleza del zapatoca, ya que fueron directamente españoles o sus descendientes,  los que poblaron inicialmente estas tierras; recordemos, amigos, que  “Zapatoca fue fundada por colonos españoles o descendientes de éstos, que emigraron de la península en los siglos XVII y XVIII, gentes de las más sanas costumbres, hidalgos campesinos que vieron en este  pedazo de tierra,  una prolongación de la Meseta de Castilla, en España.  

Así, de sus primeros pobladores, los Serrano y Solano, los Gómez Farelo, los Díaz, los Forero, los Cortés, venían directamente de España; los Acevedo, los Plata, los Rueda, los Prada, los Ortiz, eran descendientes de ilustres familias españolas que se habían establecido en San Gil, Girón Barichara, Guane y Socorro”; a su vez, estas familias tenían genealogía hebrea, porque cuando la persecución judía, en Jerusalén, muchos de ellos emigraron a España y allí se reprodujeron, trayendo sus semillas a las colonias americanas. El color blanco, y los ojos claros de mucha gente de Zapatoca y sus alrededores, no viene solamente de las colonias alemanas asentadas en este lugar, con Lengerke a la cabeza, NO, amigos, viene también de ascendencia judía, porque muchos de los que llegaron acá eran de generaciones hebreas o judías; eso lo explica muy bien el origen del apellido Pinilla, que precisamente viene de raíces hebreas.

Junto con don José Serrano y Solano había llegado una fuerte corriente emigratoria procedente de Girón, de la cual formaban parte don Cristóbal de Rueda y Sarmiento, don Antonio de Rueda Ortiz, don Ignacio de la Pinilla, de la casa señorial de este apellido en España, muy amigo del fraile dominico Froilán Sánchez, quien era el director espiritual del Rey Carlos II apodado el Hechizado; este señor, de la Pinilla, vino a fundar a Zapatoca en compañía de su hijo don Ignacio de la Pinilla y González, y don José María de Valenzuela, quien venía igualmente   de la Península. (A  medida que vayamos profundizando en la explicación del Escudo, vamos hablando igualmente de los primeros rasgos de la vida de nuestra población; por eso amigos, mucha atención para que puedan ir tomando datos para el Concurso que se establecerá posteriormente).

Por otro lado, (oigan muy  bien amigos, paren la oreja a lo que viene ahora, porque este segmento es el más claro que se pueda tener del significado del color rojo de nuestro Escudo):   el rojo   representa la sangre de los mártires que dieron su vida en la plaza pública (Policarpa Salavarrieta) en defensa de la libertad; (hoy, el parque se llama Geo Von Lengerke, posteriormente les explicaré el por qué del cambio de nombre); veamos entonces cuál fue la cuota de sacrificio que nuestros compatriotas dieron en la plaza pública en defensa de la libertad en la época de la independencia:   

Mientras los valientes soldados de la Independencia peleaban batallas contra el déspota español, los zapatocas peleaban otra batalla menos espectacular,  pero no menos efectiva para fundar también patria. Y aquí llegamos a una de las páginas más luminosas, pero tristes,  de la historia de Zapatoca.
Las huestes de Morillo irrumpieron por la brecha abierta en Cachirí sobre el caduco virreinato de Nueva Granada como una langosta humana mordiendo carne de patriotas. En el Socorro quedó establecido el sombrío Antonio Fominaya con órdenes precisas del Pacificador Morillo,  para castigar en los pueblos de la Provincia su leso crimen de amor a la libertad. (Recordemos amigos la Historia Patria, cuando aún se estudiaba este tema  en la escuela, lo relacionado con la triste época del terror, lo que sucedió en Colombia a partir del 20 de julio de 1810, que eso nadie lo conoce, hasta ahora nosotros)

Una de las lucubraciones favoritas de Morillo para torturar con su refinamiento sádico a los americanos, fue aquella de imponer como castigo la apertura de caminos por las selvas intransitables y mortíferas, seguro que de esta forma aniquilaría mejor a los patriotas ahorrando las municiones de sus tropas. Por ello los caminos que empalizó Morillo con los huesos de los patriotas desaparecieron devorados por la selva tan pronto sucumbió el régimen despótico de España.

Su jefe, Fominaya,  puso inmediatamente manos a su obra punitiva, y a Zapatoca tócale la triste suerte de ser el potro del tormento. Morillo ordenó la construcción del camino de Chucurí al Magdalena por cuenta de los pueblos de Zapatoca, La Cabrera, Galán, Barichara y Guane, correspondiendo a cada uno de ellos mantener, vestir, dotar de herramientas y dar vivienda a sendas cuadrillas, cada una de las cuales debía realizar cinco leguas de camino. Cada hombre que caía en la encrucijada de la selva debía ser inmediatamente remplazado bajo graves penas para las autoridades del lugar. Pero no era este sólo el castigo a los pueblos. Ellos estaban obligados además a suministrar gentes, vestuario, bestias y alimento a los ejércitos del rey, escuchen bien, a los ejércitos del rey, o sea a los que nos estaban dando látigo; fácil es suponer la creciente miseria a que el paternal gobierno de Su Majestad  iba condenando a los pueblos americanos.

Para hacer cumplir las órdenes dictatoriales fue enviado por Fominaya a Zapatoca su sicario Retamal, (así sería de buena gente el “bendito” señor que le decían retamal, o sea, dos veces mala gente)  y la enantes sosegada y pacífica villa empezó a sufrir días de tragedia, y la plaza que solo había conocido la ingenua alegría de los aldeanos,  sintió manchar su blanca tierra del  rojo tinte de la sangre de sus propios hijos,  que escurría desde los patíbulos y las escarpias, símbolos del odio con que aquellos extraños profanaban este recinto de virtudes. Los pobres presidiarios que extenuados de hambre y fatiga huían de la muerte en las calientes tierras  chucureñas, pronto la hallaban, cuando eran atrapados bajo los azotes que en la plaza de Zapatoca hacíales aplicar  la furia de Retamal.

 

Es aquella la página más oscura –la única, podemos decir- que hay en la historia de Zapatoca, y en la cual, para honor de sus hijos, solo les correspondió el papel de espectadores aterrados de crímenes de una autoridad despótica que no hallaba otro medio de sostenerse,  que el terror.

Aquí debemos registrar los nombres de quienes se distinguieron en la lucha libertadora, muchos de los cuales pagaron con sus vidas unos en el campo de batalla, y otros en la plaza de nuestra Zapatoca, manchada de sangre como dijimos antes.

La siguiente es la cronología de esta triste página:
1813 Dic. 5.- Muere en la toma de Araure, Venezuela, el Capitán  Patricio Prada, natural de Zapatoca.

1817 Dic. 11.- Fusilada en Zapatoca Leonarda Carreño por Antonio Fominaya.

1818 Mar.18.- Fusilada en Zapatoca Juana Ramírez, auxiliar de la guerrilla.

Agosto 19.- Es fusilada en Zapatoca la heroica guerrillera Evangelina Díaz y dos mujeres más,  cuyos nombres se ignoran.

Diciembre 11.- Es fusilada en Zapatoca Fidelia Ramos.

Diciembre 13.- Son fusilados en Zapatoca Juan Ruiz y Miguel Ruiz, de Chima, comandante de la guerrilla de  La Niebla.

1819 Enero   1º.- Son fusilados en Zapatoca Ignacio Calvo, de Suaita, Julián Carreño, del Socorro, y Antonio Castañeda de El Hato, comandantes guerrilleros.

Enero  8.-Fusilado en Zapatoca Vicente Ardila, natural de Chima, comandante de varias guerrillas.

Marzo 5.- Fermín Salazar,   fusilado en Zapatoca por Lucas González,

Abril  3.- Marcelo Gómez, natural de Zapatoca, se distinguió en el Combate de las Queseras del Medio, muriendo allí.

Agosto   5.- Sinforiano Atuesta, teniente, natural de Zapatoca, muere  en el Combate de Agua Santa, Venezuela.

Septiembre 23.- Vicente Atuesta, hermano del anterior, capitán del Ejército patriota, muere en el combate de Alto Las Cruces.

1822 Abril  7.- Sargento mayor, Marcelo Gómez, natural de Zapatoca,  muere en la Batalla de Bomboná.

Abril 29.- Donoso Serapio, natural de Zapatoca, fusilado después de la batalla de Los Cocos, en Venezuela,       quien había sido hecho prisionero en esa acción.

Como punto de apoyo para los trabajos de desbrozar la selva, Morillo ordenó la erección de un poblado que hubo de llamarse “Bustillo de Oro”, nombre tan sonante como sombrío para aquellas pobres gentes que habrían de erigirlo bajo el látigo pacificador en el punto actual de El Plan y que vino a ser la primera célula de San Vicente de Chucurí. La capilla allí levantada se decoró con figuras y ornamentos confiscados a los pueblos republicanos y a los sacerdotes sospechosos de apoyar los deseos de libertad.

Para darnos exacta cuente del clima de pavor  que vivían los buenos zapatocas por los días del terror español, leamos lo que nos cuenta el inquieto presbítero doctor Pascual Afanador en sus “Cartas a la Nobleza Sangileña”:

Era a la sazón (1817) alcalde de Cabrera un hombre llamado Pedro Rincón, tío de mi padre, el cual por atender las órdenes e Fominaya, quien semanalmente y con la rapidez del rayo, pedía a la vez reclutas, mulas, caballos, plata y víveres para las tropas del Socorro; había atendido la subsistencia de los presidiarios de Chucurí. Viéndose éstos, al cabo de muchos días, sin abrigo y sin víveres, y en la alternativa de morir de hambre o de recibir en Zapatoca el castigo por el delito (?) cometido, abrazaron desesperados este último partido y se presentaron al jefe Retamal, el cual dispuso que el sobrestante de trabajo,  Rafael Afanador, mi padre, fuese puesto en capilla asegurado con dos pares de grillos en el más fuerte calabozo de la cárcel de Zapatoca,  para ejecutarlo al día siguiente, a fin de que su muerte sirviese de escarmiento; que el alcalde Rincón recibiese 200 palos por su morosidad en remitir los víveres a Chucurí; y que los peones desnudos y hambrientos, como habían llegado, regresasen a su destino conducidos por una escolta. Mi padre, mi desgraciado padre,  aherrojado y en capilla, devoró por más de 24 horas las penas y agonías del suplicio. El Alcalde se presentó resignado, con las órdenes originales de Fominaya,  que lo disculpaban, y obtuvo la rebaja de los 200 palos con la condición de ir a dirigir personalmente el trabajo; y entonces,  ese mismo Alcalde, auxiliado por el  venerable Cura de aquella villa, imploró,  con lágrimas,  el perdón de su sobrino, comprometiéndose ambos a trabajar en Chucurí hasta la terminación de toda la obra. Bajo de tal condición  salió mi padre de las cadenas y no regresó hasta que le fue recibida por buena y corriente la parte de camino que le correspondía a la Cabrera. Ambos salieron enfermos; Rincón murió a pocos días y mi padre,  aunque joven y robusto, sucumbió más tarde a la penosa y crónica enfermedad que había contraído en las mortíferas selvas de Chucurí”.

Tal una instantánea de los tiempos que vivía Zapatoca bajo la férula de Retamal. Señor de vidas y haciendas, sin otra  mira que imponer el más cruel despotismo sobre los cuerpos y las almas, bien podemos admitir que hizo más por la obra de nuestra independencia, que las persuasivas, cuanto discretas, admoniciones del Cura Párroco.  Aquellos tres años de terror fueron una prueba demasiado dura al realismo santurrón e ingenuo de los buenos zapatocas, y los latrocinios y depredaciones, las azotaínas y ejecuciones con que los agentes de Morillo turbaron durante aquellos mil días la paz  de la recatada villa de Benavides;  fueron agua lustral que depuró en el alma de los zapatocas su apego a un rey idiota y desnudó en ella el diamante cristalino  de su aquilatado patriotismo.

De suerte que aquellos nuestros abuelos,  que por un profundo respeto a la tradición, veneraban,  en 1810 a Fernando VII, en 1819,  gracias al terror de los pacificadores, abrieron sus ojos a la alborada de Boyacá, y, con el mismo entusiasmo, con idéntica honradez y buena fe con que habían servido a la monarquía, consagraron de entonces Y para siempre su amor a la República.  Así pues, cuando las nuevas autoridades fijaron a cada pueblo la cuantía de los fondos con que debían auxiliar a los ejércitos libertadores, Zapatoca, a pesar de la miseria en que la dejaron postrada Fominaya y Retamal, sobrepasó generosamente la cuota que le había sido prescrita, dando desde entonces, como muchas veces en su historia, muestras de su desprendimiento por toda noble causa.

En lo alto de la franja roja hay una “Estrella Dorada”, representando la Patrona de la ciudad, la Virgen de Chiquinquirá, a quien el 13 de septiembre  de 1762, por escritura pública, se le entregaron todos los terrenos aún no edificados por los fundadores. Esta fue una forma de presión que impuso el Pbro.  Julián Acevedo de la Parra para hacer que las personas que habían solicitado los lotes para construir sus viviendas, ejecutaran los trabajos, de tal forma, que 19 años después de fundada la Población, se dispuso que esos lotes que se encontraban sin edificar fueran donados a la Cofradía de la Virgen de Chiquinquirá; voy a leer el texto original de la Escritura correspondiente, documento muy valioso que reposa en los archivos del Centro de Historia; dice así:   

ESCRITURA DE DONACIÓN  A NTRA. SRA. DE CHIQUINQUIRÁ DE TODOS LOS TERRENOS REPARTIDOS Y NO EDIFICADOS, DE LA FUNDACIÓN DE ZAPATOCA, HASTA EL 13 DE SEPTIEMBRE DE 1762.

Con fecha de diecisiete del mes de septiembre de mil setecientos sesenta y dos años, ante la Cofradía de Ntra. Ama y Señora de Chiquinquirá, sacamos del libro de repartimiento de solares que no se entregaron y es como sigue: dijeron estos vecinos, que como fundadores y patrones que son de esta parroquia compraron un pedazo de tierra para la fundación de ella, derivados y señalados los linderos, a don Antonio de Rueda Ortiz, cuya compra y escritura otorgaron por el dicho señor, se halla en el libro de repartimiento de solares de esta parroquia y que es su voluntad mera y perfecta que toda la tierra que hasta la fecha de estas constituciones no se hubiere merced legítima mera y anotada en dicho libro de solares, en la forma y manera que constituyeron estos vecinos en el precitado libro, de donarlas, como realmente la donaron, a Ntra. Patrona, Madre y Señora del Rosario de Chiquinquirá, al que sobre la fuerza y valimento que era de tener desde hoy y para siempre esta donación, dijeron que se apartaban y se apartaron ellos, sus hijos y sus descendientes, y todo género de personas, de todos los derechos y acciones que han tenido, tienen y en adelante puedan tener a la dicha tierra, que hasta hoy se hallan en la mera legítima que va referida y que todo lo ceden, donan y traspasan a Ntra. Patrona.

Para el alivio de la tenencia de estas tierras entregadas a la Santa Patrona, es voluntad que el beneficiario que en adelante las desean tomar y que se hallare vaco y por defecto del legítimo dueño se le de y se haga acuerdo de voto a los más que pidieren, guardando la forma y establecimiento en dicho libro de solares, añadiendo solamente que dicha merced se hará en nombre de Ntra. Patrona, Madre y Señora del Rosario de Chiquinquirá y en virtud de la donación que le han hecho los vecinos, y con la condición de que por cada solar que desde hoy en adelante se hiciere otra merced, haga de servir y dar el vecino que lo llevare, ocho reales de plata a la Santa Cofradía, con declaración de que era su voluntad unánime y conforme que todos los solares que hasta hoy se hacen con legítima merced, si desde la fecha de estas constituciones, al año cumplido, no se hallaren pobladas y fundadas, se puedan declarar y declaren, y desde luego las declaran y dan por vacos y que la merced por derecho que tuvieren en ellos sea nula, de dueño y de valor, ni con efecto para ellos, sus hijos y descendientes; y que recaigan dichos solares a la donación que llevan hecha, y que se puedan dar y den libremente a otro vecino o cualesquiera persona, con la carga de dar los ocho reales a la Santa Cofradía, pero con el cargo que los vecinos que toman los solares que están vacos, les hagan de construir desde la fecha que los toman,  porque de no hacerlo y declaren también ser vaco,  de acuerdo a estas leyes, que regresen de nuevo a esta Cofradía y esta dará también cuenta de ello el día que las dieren y de todo lo perteneciente a dicha Cofradía para que se puedan convertir estos dineros en alivio de ella y argumento de la Santa Iglesia y para el gobierno que ha de tener desde y para adelante el repartimiento de los solares;  dijeron que era su voluntad se pase al citado libro de ellos un testimonio auténtico de esta Constitución y firmado por el cura y alcalde y partidario de esta Parroquia y autorización del notario eclesiástico, y que siguiente a dicho testimonio se vayan anotando en el mencionado libro de solares, todas las mercedes de títulos que se vayan dando, las cuales se hagan sin innovar la firma que en dicho libro está confirmada por su fuerza y valor, los prevenidos en esta Constitución.

(Anotación al margen).- Con la consultada Constitución en folios durante el mencionado libro de Ntra. Ama y Señora, he anotado de dicho y legítimo legado, en presencia del Corregidor y conservo este testimonio el cual es lícito y verdadero, siendo testigos el Corregidor, don Francisco Plata. (fdo) Felipe Gómez; nuestro  párroco, Dr. Julián Acevedo de la Parra. (caja 2, -de los archivos-,  documento No. 25).

De modo, amigos que nos escuchan, el por qué de la estrella dorada que adorna nuestro escudo: es un homenaje a la Patrona de Zapatoca, que igual que su padre, San Joaquín, son los auxiliadores, (después de Dios, claro está), de nuestra amada Parroquia.

En la parte superior derecha, y sobre el fondo azul,   hay una ”Antorcha encendida” que nos recuerda a los hombres y mujeres que a través de la historia han descollado por su inteligencia en todos los campos del saber humano; igual la antorcha significa la luz que debe iluminar a todos los seres humanos en el transitar por la vida, sembrando la dignidad, y los valores éticos y morales.

De todos es conocido cómo los zapatocas son bienvenidos, solicitados y aceptados para puestos de responsabilidad y confianza,  donde se necesiten personas con eficiencia y cumplimiento del deber. El factor humano de esta región es sobrio, consagrado, inteligente y emprendedor y a la vez que animado de un valiente espíritu de sacrificio. Y esto tiene su explicación en dos características de influencia decisiva en el temperamento: la sangre heredada y la tierra en que se vive, porque el forjador de la reciedumbre y parquedad del tipo especial; el suelo, avaro y sombrío no paga con generosidad el sudor del que lo labra, ni concede largas a la pereza y la holgazanería.

Por todos los rincones del mundo, han pasado y pasarán, zapatocas que han dejado y dejarán, muy en alto, el nombre de su pueblo; sin ir muy lejos, tenemos, por ejemplo,  nuestro amado Maestro Gustavo Gómez Ardila, quien llevó, por todos los ámbitos del mundo, el nombre de Zapatoca, con la Coral de la Universidad Industrial de Santander; y son muchos los que han descollado en esta forma llevando el glorioso nombre de su tierra a todos las esquinas del Planeta.  Cuando lleguemos al tema de los personajes de nuestra tierra, veremos otros muchos, unos que ya nos precedieron en el encuentro con nuestro Padre común y otros que aún luchan por sobrevivir en este intrincado mundo en que vivimos. Eso, amigos, es lo que representa la ANTORCHA ENCENDIDA que adorna nuestro Escudo.

En la parte inferior izquierda, e igual sobre el fondo azul,  hay un “Yunque”,   simbolizando la fuerza y responsabilidad del zapatoca para el trabajo en cualquier parte del mundo. En estas tierras áridas, donde solamente se dan culebras y alacranes, la lucha por subsistir es tenaz.

Zapatoca no tiene riquezas, amigos, su riqueza es su clima envidiable, sus costumbres austeras y esto es suficiente para pegarnos al terruño con fe y esperanza. Todos sabemos que las tierras acá son estériles y sin embargo, amigos, nuestros queridos y amados campesinos, luchan con las uñas y el sudor de su frente por sacar de la tierra el alimento que nos fortalecerá el cuerpo, el espíritu y el alma; cada semana se llena la plaza de mercado con el sufrimiento de nuestras gentes del campo, nunca llegan con las manos vacías, nadie nunca se ha acostado sin haber probado el bocado que semanalmente nos traen del campo; ¿de dónde brota la semilla que nos da la vida?, de tierras áridas que toca trabajarlas duro, para poder recoger semanalmente el  alimento que nos dará la vida.

No hay mejor bonificación a este duro trabajo campesino  que el yunque que se encuentra en el Escudo, (como igual el color verde de nuestra Bandera) que simbolizan el sudor, la constancia, el coraje de nuestras gentes,  para vivir cómodamente en un pueblo donde solamente, por épocas, y ya no tan abundantes,  se pueden tomar, de la misma tierra, que las bota, como  por encanto, las hormigas culonas, escuchen bien, amigos,  son CULONAS, NO SE DICE COLONAS, SINO CULONAS; en estas dos insignias, el yunque del escudo y el verde de la bandera, allí están estampados todos nuestros hermanos del campo, y todos los zapatocas trabajadores; Dios les recompense su dura labor.

En la parte superior cubriendo el marco rojo y azul hay “Tres Cruces Griegas”  que representan la situación de la ciudad como Levítica, título que le dio el Dr. Miguel Antonio Caro, en homenaje a la cantidad significativa de Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas que en el transcurso de su vida ha dado la ciudad a la Iglesia Católica.

Tenemos la lista de los señores Obispos zapatocas que le han dado gloria y representan, en forma diáfana y cristalina, el por qué de las cruces de plata que adornan el Escudo: 

EXCELENTÍSIMOS SEÑORES OBISPOS:

1.- Pedro Antonio Vesga Plata;  José María Plata Prada;  Nepomuceno Rueda Rueda;  Antonio Vicente Arenas; Juan José Díaz Plata;  Ciro Alfonso Gómez Serrano; Horacio Olave Velandia:  poco después de su consagración Episcopal fue  nombrado Obispo de Tibú, y en la semana en que iba a tomar posesión de su Diócesis, en 1989,  falleció  en un accidente aéreo. Los únicos que aún nos acompañan, para gloria de Zapatoca, son  Monseñor, José de Jesús Pimiento Rodríguez, y  Jorge Ardila Serrano.

Aproximadamente 32 Sacerdotes   han pasado por la sede parroquial  de la Villa Levítica de Zapatoca; más de 100 sacerdotes han nacido en sus tierras, como igual un gran número de religiosos y religiosas.

Entre los sacerdotes que pasaron por la sede de la Parroquia, figura, con nombre esculpido en las piedras del recuerdo, el dr. Guillermo Gómez Ortiz: a él se le deben las primeras carreteras que se abrieron en Zapatoca, para el desarrollo de la Villa; entre las carreteras que se abrieron a pico y pala por este intrépido hijo de Zaptoca, está la que une a la Villa con San Vicente; esta monumental obra duró seis años; se imaginan, amigos, cómo sería el trabajo por los lados del boquerón, que como todos sabemos es rocas y más rocas, en un espacio abierto para dar la vuelta al cañón?

En la parte inferior abajo hay una lema “LABOR, OMNIA VINCINT”, proverbio latino, que traducido al español significa “EL TRABAJO TODO LO VENCE”, sintetizando la situación del zapatoca, que no se deja sucumbir por el estrés, ni por angustias; el zapatoca busca que las circunstancias de la vida no lo derrumben, porque sabe y entiende que la mejor terapia para la vida es el trabajo.

Todo el escudo está enmarcado en color plata simbolizando la situación económica del zapatoca, que no se deja arrinconar por ninguna situación por difícil que sea; el zapatoca es magnánimo para con sus semejantes: un modelo lo tenemos en el Barrio San Vicentico,  que alberga a muchos hogares con grandes dificultades económicas y que prácticamente es sostenido por la comunidad; otro ejemplo lo tenemos en el Hogar San Antonio, que es de los pocos que no  sufren situaciones difíciles de sostenimiento porque el zapatoca, donde quiera que esté,  vive pendiente de sus necesidades.

Nuestro Escudo, amigos, de verdad, sintetiza, de una forma muy  clara y diáfana, lo que es el zaptoca de verdad, el valiente, el abnegado, el altruista, el que no deja aminalar por nada, ni por nadie, y que levanta su frente con orgullo ante cualquier situación, por anómala que sea, diciendo a los cuatros vientos,  “a mucho honor, soy zapatoca”.

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Antiguo Parque de Zapatoca Parque Actual de Zapatoca visto desde una de las Torres de la Iglesia de San Joaquín (2008) Saulo Toledo Plata, Presidente EULALIA SERRANO ARDILA, Tesorera LIBARDO LEÓN GUARÍN, Fiscal CÉSAR ARDILA GÓMEZ, Vice-Presidente MARIO GÓMEZ LIZARAZO, Directivo