Webs Amigas

 

Suscríbete al GRAN BOLETÍN DE AMIGOS

 

 

 

Suscríbete al GRAN BOLETÍN DE AMIGOS

Luego de tu Paseo por Zapatoca, te espero en CORREVEDILE
ECONOMÍA EN EL PUEBLO DE LOS GUANES

Carmen Rosa Pinilla Díaz - Secretaria General - Centro de Historia de Zapatoca

Carmen Rosa Pinilla Díaz - Secretaria General - Centro de Historia de Zapatoca

LA ECONOMÍA DE LOS GUANES

La única propiedad individual reconocida entre los Guanes era la de sus viviendas, labranzas, animales domésticos y bienes muebles; las herramientas de trabajo, armas, vestidos y cosas del hogar.

La tierra era propiedad común de cada tribu y la defendían a toda costa, contra las pretensiones de las tribus vecinas. El indio se sentía fuertemente atado a sus tierras, lo mismo que a su familia y a su tribu; por esto lucharon contra la injusta invasión española, que no sólo sacrificó a innumerables indígenas, sino que llegó a expropiarlos artificiosamente de sus tierras, de las cuales eran dueños desde muchos años atrás.

Esta propiedad comunitaria la ejercían nuestros indígenas por grupos de clanes o conjuntos de familias parientes entre sí al frente de los cuales estaban los caciques que, además de su autoridad como gobernantes, eran como los personeros de la tribu, asesorados por su Concejo de Gobierno.
        

En cuanto a la noción que tenían del trabajo, era para ellos únicamente el medio para vivir, sin el sentido del lucro económico y sin la ambición de un enriquecimiento personal, así naturalmente cayeron en un irremediable conformismo. Es sabido que, antes del descubrimiento de América, no existían vacunos en este continente, sólo se conocía el bisonte, que existía en las planicies de América del Norte. 

Los conquistadores trajeron los primeros caballos, asnos, ganado vacuno, ovejas, cerdos, gallinas y un sinnúmero de semillas, como trigo, cebada, arvejas, caña dulce, hortalizas, etc. Mucha parte tuvieron los curas doctrineros para mejorar las condiciones de vida de los primitivos habitantes de estas tierras: les enseñaron muchos cultivos que los naturales desconocían, les ayudaron a adquirir una mayor habilidad en el laboreo de los campos para obtener mejores rendimientos y mucho tuvieron que luchar para alejarlos del exceso de la bebida e infundirles la virtud del ahorro, para un futuro tan incierto en la vida de estos hombres.

BASE DE LA ECONOMIA DE LOS GUANES:- La economía de los Guanes tuvo como base principal la agricultura, el tejido de mantas de algodón y la fabricación de utensilios de barro; para el laboreo del campo carecían de herramientas adecuadas, ya que no conocían el hierro y tenían que valerse de maderas muy duras, como la macana y de piedras de sílice afiladas que usaban, bien directamente o colocándolas en el extremo de un madero abierto, en forma de hachas.

Gozaban, sí, en aquellos tiempos de aguas abundantes que corrían por todas las hondonadas, y que hoy, debido al desmonte, quema de los bosques y su consiguiente erosión producida por la mano del hombre, no son sino cauces de enormes pedregones, que sólo se embriagan en el invierno, con enloquecidos torrentes que descienden furiosos provocando inundaciones destruyendo cuanto encuentran a su paso en gritos de protesta contra el hombre, por haber talado los bosques.
        

El principal cultivo de los Guanes era el maíz, “rey de las plantas espigadas”, como lo llamó don Andrés Bello y que ellos, en su idioma, llamaban “aba” y era la base de su alimentación. Con él preparaban la exquisita “mazamorra”, o “SUQUE” y con el mismo fabricaban el “FUN” o pan, en forma de deliciosos bollos o “BUN”, la sabrosísima pasta de maíz o arepa, a la cual daban el nombre de “TIJITAFUM”; el maíz  era el componente de su bebida favorita, la chicha, palabra totalmente indígena, que significaba para ellos “bebida para nuestros varones”.

Además del maíz cultivaban la yuca, el plátano hartón, la papa, la arracacha, la batata, el tomate, ahuyamas, calabazas, fríjol, y el condimento indispensable para todas sus comidas, al igual que hoy en los piquetes de los comedores elegantes, que en las comidas de los pobres, el ají o “QUIBSA”. A falta de leche, de grasas y de carne, balanceaban su alimentación con gran cantidad de frutas: aguacates, guanábanas, papayas, piñas, cocos y dátiles, que llegaron a ser alimentos apreciados por los españoles.

La coca o ayo era estupefaciente usado por los Guanes, con el nombre de “ETA”, para calmar la sensación de hambre y perder el temor en sus guerras, para animarse a realizar esfuerzos casi sobrehumanos, en la conducción de piedras y maderos; también les producía cierta euforia para sobreponerse a las condiciones penosas de la vida.

Igualmente cultivaban el fique con cuya fibra hacían sombreros, mochilas, lazos y aún gruesos cables para atravesar los ríos caudalosos que surcaban el territorio.

MERCADO DE LOS GUANES:

Los Guanes hacían sus transacciones comerciales con los Chibchas del reino; para este fin existió un gran mercado en el sitio de Sorocotá, que estaba a distancia promedio de dos grandes imperios y se realizaba cada ocho soles. Hoy existe una vereda con este nombre, al sur de Moniquirá, subiendo por el río de este nombre, donde pudo estar localizado este importante lugar. Hasta allá llevaban los Guanes sus productos a las  espaldas, pues en estas tierras no se halló ningún animal que hubiera podido ayudarles a cargar sus mercancías. Calculemos entonces el tiempo que empleaban en tan penoso y largo viaje, de ida y regreso, atravesando caudalosos ríos por puentes de cables de fique y bejucos.

Los Guanes llevaban algodón, ETA o ayo (coca) y demás productos propios de estas tierras; traían la sal y algunas joyas; eran muy estrictos en sus negocios: el pago era ordinariamente de contado, ya cambiando un artículo por otro o pagando con tejuelos de oro, que les servían de moneda.

EL DESPOJO DE LAS TIERRAS DE LOS INDIGENAS:

La base legal para que los indios llegaran a perder el dominio de sus propiedades, fue el creerse los Reyes de España dueños absolutos de las tierras del Nuevo Mundo; lo más curioso es que no faltaba a los monarcas españoles un fundamento teológico para creerse señores y dueños de este lado del planeta. En el siglo XIII se aceptó la tesis sostenida por el Cardenal de Ostia, Enrique de Susa, de que el Romano Pontífice era señor universal del mundo. Así lo expresa Don Juan de Castellanos:


           “Porque el Papa, monarca soberano
            que por poder de celestial clemencia
            sobre todos los hombres tiene mano,
            unos en acto y otros en conciencia
            tuvo por bien de dar al rey hispano
            aqueste  Nuevo Mundo por herencia,
            para que gentes ciegas y polutas
            en nuestra Santa Fe fueran instrutas”.

No podemos negar que no solamente la tierra, sino toda la creación entera es de Dios, pero que el Papa sea el dueño absoluto del mundo es una falacia demasiado ambiciosa e ilógica. Fue así, entonces, como los príncipes cristianos acudían al Papa para obtener concesiones en las tierras por ellos descubiertas y que falsamente consideraban como bienes mostrencos, o de dueño conocido, ya que al pobre indio llegaron a considerarlo como ser irracional incapaz  de poseer las tierras.

Naturalmente, no faltó a los Reyes de España incertidumbre sobre la legitimidad de sus derechos. Por esto acudieron repetidamente al Papa Alejandro VI para obtener la confirmación de su señorío en las tierras descubiertas. Con este fin, el Papa promulgó cinco bulas: la primera, el 3 de mayo de 1493, en la cual aplaude el plan misionero de los Reyes Católicos y les hace donación de todas las tierras descubiertas, o por descubrir, que no estén ya en poder de otro príncipe cristiano.

La segunda bula establece la célebre demarcación entre los derechos de los Reyes de España y Portugal, marcando una línea por el meridiano que pasa a cien leguas al oeste de las Islas Azores y Cabo verde, señalando las islas y tierras descubiertas al occidente y mediodía de esta línea para los Reyes Católicos. Pero, naturalmente, en el campo político de las naciones no siempre se dio valor a las bulas papales. De aquí la célebre respuesta que dio Francisco I, cuando el Emperador Carlos V reclamó por las expediciones francesas al Canadá: “Quisiera ver la cláusula del testamento de Adán que me excluye de la repartición del mundo”. 

INJUSTICIA DE ESTE DESPOJO:

El Estado español, carente entonces de los recursos económicos indispensables para una colonización realizada directamente y así más racional y verdaderamente civilizadora, se vio obligado a dejar la iniciativa de la ejecución de los planes políticos y económicos de la conquista a elementos indeseables en la Península y quienes buscaban ante todo y a toda costa su enriquecimiento personal.

Por eso se cometieron tantas injusticias con los naturales, fruto del sistema de la Conquista y de la ambición de los conquistadores.   En buena conciencia no se podía simplemente despojar a los indios de sus tierras para entregarla a los conquistadores, pues no existían antecedentes jurídicos que justificasen este acto.

Era obvio que en el caso de la conquista del Nuevo Mundo no se trataba de recuperar tierras poseídas anteriormente por otras personas, ni los indios eran enemigos a quienes se pudiera quitar sus bienes, ni eran gentes que ocupaban ilegalmente sus posesiones; era, simplemente hablando, una invasión a tierras ajenas.

El primer Sínodo de Santa Fe, convocado por Fray Juan de los Barrios, en 1556, no podía dejar de tratar el, entonces trajinado y candente caso de las injusticias cometidas con los aborígenes; por eso, al terminar el Sínodo se hicieron estas tres preguntas:

  1. Si la guerra que  se hizo a los indios fue justa o no.
  2. Si los encomenderos estaban en la obligación de restituir a los indios lo  que ellos les habían pagado.
  3. Si debían restituir lo que han sacado de las tumbas y santuarios de los indígenas.

El Sínodo, en el cual estaban los Oidores y el  mismo Don Gonzalo Jiménez de Quesada, no se atrevió a responder a la primera pregunta. La Junta celebrada en Popayán, en  1558, por su primer obispo, Don Juan del Valle, sí dio una respuesta categórica a este interrogante: “Las guerras hechas a los indios fueron injustas y todos los que las hicieron son obligados solidariamente y en conciencia a la restitución de todos los daños”.

Pero jamás se realizó, ni de hecho era posible esta restitución; en cambio, se obstinaron, no sólo en retener los bienes usurpados, sino en continuar durante muchos años, en el injusto despojo a los indios de sus seculares propiedades.

A la segunda pregunta el Sínodo contestó, que los encomenderos sí estaban obligados a restituir a los indios la parte de sus tributos; esto, lógicamente, nunca se cumplió.
Respondiendo a la última pregunta, el Sínodo respondió que sí era permitido apropiarse de lo que se hallaba en las tumbas o santuarios de dueños desconocidos; pero, si eran conocidos, debían entregarse a los legítimos dueños los tesoros encontrados.

El historiador Juan Friede anota, con gran verdad, que los reyes y conquistadores “a lo sumo descargaban su conciencia a la hora de la muerte”, dejando legados a las iglesias y hospitales con el fin expreso de reparar las injusticias cometidas con los indios, pero nunca, en la realidad, nada les  fue devuelto.

 LAS CAPITULACIONES:

En los dominios de España vinieron luego las  CAPITULACIONES  o contratos entre el Rey y los descubridores, por medio de las cuales la Corona se reservaba los derechos que creía corresponderle en las tierras descubiertas y otorgaba especiales privilegios a los descubridores. Estas capitulaciones se hicieron con Cristóbal Colón, Pizarro, Pedro Fernández de Lugo, Jiménez de Quesada y, por supuesto, con Martín Galeano.

Se anotaba en los documentos  que todo se hiciera “sin perjuicio de los indígenas”; pero la verdad era que los españoles tomaban las mejores tierras, ya cultivadas por los indios y así reducían los terrenos para los cultivos de los verdaderos y seculares dueños de los predios. Fue lo que se llamó los “repartimientos”, que originariamente no conferían título de propiedad, sino el derecho y aún la obligación de explotar económicamente los terrenos durante algunos años y así consolidar los dominios de la Real Corona. Este fue el primer paso para despojar a los naturales de sus legítimas propiedades.

EL REQUERIMIENTO:

Las llamadas Leyes de Burgos, dadas el 25 de diciembre de 1512, veinte años después del descubrimiento de América, ante la gravedad de las injusticias y crímenes cometidos contra los indígenas, pretendieron remediar en parte esta situación con el llamado sistema del “REQUERIMIENTO”; consistía en que, antes de lanzar el ataque a los naturales, yéndose contra ellos en guerra a muerte, debían leerles el famoso texto del “requerimiento”, en el cual se exponía a los indios las razones que asistían a la Corona de España para conquistar y dominar estas tierras, por la donación que de ellas hizo el Papa al Rey de España; se les prometía  buen trato a cambio de someterse gustosamente y se les amenazaba con la guerra, sino aceptaban los términos del requerimiento. Este se debía leer a los indígenas por medio de intérpretes o por un indio que entendiera su lenguaje.

Hasta dónde llegaba la sinceridad de los españoles al hacer tal requerimiento? Es muy difícil definirlo, debido a las miras que tenían de expropiar sus tierras y apropiarse de sus tesoros; el tal “requerimiento” era una fórmula de legalismo y un medio de pretender cohonestar el sistema cruel e inhumano de la conquista. Por otra parte, muchas veces no había lugar para cumplir con esta “leguleyada” por los encuentros imprevistos con los naturales. La continua amenaza de los españoles los exarcebaba y  los lanzaba en su propia defensa.

El cronista Fernández de Enciso nos cuenta la forma como se realizó la ceremonia de “requerimiento” por don Pedro Arias Dávila, ante dos de los principales Caciques del Cenú: cuando el indio que entendía su idioma les amonestó sobre esta famosa ley, el Cacique contestó: “Que en lo que decía que no había sino un solo Dios que gobernaba el cielo y la tierra, les parecía muy bien, y así debía ser; pero que el Papa diera lo que no era suyo, y que el que lo pedía y lo tomaba debía ser un loco, pues pretendía adueñarse de lo que era de otros; que le dijeran al Papa que viniera él mismo a tomarlo, y le pondrían la cabeza en un palo, como lo hacían con sus enemigos”.

El requerimiento era también un sedante  para la conciencia del Rey de España, que pretendía con esta supuesta ley adormecer  su culpabilidad ante la historia.

 

DE AMOS A ESCLAVOS:

La consecuencia de las Capitulaciones, fue la esclavitud de los indios; al tratar este tema es preciso comentar que los indios también practicaban la esclavitud: los prisioneros de sus guerras, cuando no eran sacrificados, eran condenados a ser esclavos al servicio de sus caciques o de los principales de la tribu. Además, debemos situarnos en esa época de la historia, en la cual la esclavitud estaba lamentablemente arraigada por un concepto equivocado de superioridad de unos hombres sobre otros.

La razón que tenían los conquistadores para la esclavitud, era la necesidad del trabajo de mano de obra para explotar las tierras conquistadas y las minas, con obreros económicos; consideraban al indio como una bestia de trabajo o el menos como a un ser de inferior condición humana; desde el principio de la conquista se consideró como una obligación natural del indio, el trabajo gratuito en provecho de los colonizadores, para procurar el sustento de estos advenedizos  y para que el Rey, de alguna manera pudiera recompensar a los que le habían dado un nuevo imperio.

En octubre de 1503, los Reyes de España concedieron licencia para esclavizar a los indios, legalizando así esta inicua práctica, dando como razón que los indios eran caníbales y hacían guerra a los españoles. Muy pocas tribus americanas eran antropófagas; además, los iniciadores de las guerras eran los conquistadores, contra quienes ejercían el legítimo derecho de defensa. De todas maneras hubo muchos, sobretodo los misioneros,  que abogaron por la libertad y la justicia para con los indios;  ante la insistencia de éstos, el joven Rey, Carlos I de España y V de Alemania, dictó una Cédula Real, en 1526 con, entre otras, las siguientes disposiciones:

  1. Hacer el registro de todos los indígenas esclavos, con el título respectivo que acreditara la legítima posesión.
  2. Prohibición de esclavizar a los indios que no fueran caníbales.
  3. Permitir solamente a la justicia real herrar a los indios como esclavos, después de probar que era legítimo el hacerlo.
  4. Prohibición de que los esclavos fueran sacados de sus respectivas provincias, dando por libres a los que estuvieran por fuera de ellas.

El 20 de febrero de 1534 se expidieron nuevas cédulas con referencia a la esclavitud de los indios. En éstas, solamente se permitía hacer guerra a los indios rebeldes que no quisieran someterse a la Corona Real.

Uno de los mayores alicientes de los conquistadores para esclavizar a los indígenas, después de haberse apoderado del oro, era cautivarlos para venderlos luego en las Antillas y aún en España, logrando jugosas ganancias o para ponerlos a trabajar a su favor en las haciendas o en sus casas.

Vino después la famosa Bula de Paulo III, el 9 de junio de 1537 que no agradó mucho a los españoles, porque condenaba la esclavitud de los indígenas. A pesar de las disposiciones reales y eclesiásticas, la esclavitud siguió siendo práctica continuada en las tierras de los Guanes, como bien lo atestiguan algunas escrituras públicas de venta de esclavos que se encuentran en los archivos de la Notaría de Zapatoca.  Lo cierto es que la lucha decidida contra la esclavitud en nuestra patria, fue impulsada en 1813 por el Dr. José Félix de Restrepo; esta era su consigna: “Es un egoísmo criminal, pretender para nosotros la libertad e independencia de España, si no la queremos dar a nuestros esclavos”.

En 1819 el Libertador, al instalar el Congreso de Angosturas, había pedido que se ratificara por una ley la libertad que él había concedido, sin restricción alguna, a los esclavos, pero sus palabras no llegaron a romper esas cadenas.

El 19 de julio de 1821, el Congreso de Cúcuta aprobó la ley sobre manumisión de esclavos, golpe en firme contra la servidumbre. Sin embargo, aún se escuchaban los gemidos de nuestros compatriotas oprimidos por sus amos, cuando el Presidente, José Hilario López sancionó la ley sobre libertad absoluta de los esclavos, que entró en vigencia el primero (1º) de enero de 1852.

DIFERENTES SISTEMAS DE ESCLAVITUD DE LOS INDIGENAS

LAS NABORÍAS:

Palabra de origen cubano que mitigaba un tanto la esclavitud; era una manera de “proteger” a los nativos,  pues los indios esclavos eran hombre-cosas, sometidos en todo a la voluntad  de sus amos quienes podían hacer lo que quisieran ya que se consideraban dueños absolutos de los indígenas; los indios de las naborías se consideraban libres, aún cuando debían servir por un todo a sus amos, pero no podían ser vendidos; no recibían salario alguno, sino la alimentación y el vestido y por eso estaban exentos del pago de los impuestos. En una palabra, eran sirvientes exclusivos de sus amos, sin pago en dinero alguno y hasta su muerte; la diferencia era  que no cambiaban de dueño en toda su vida.  Hasta hace pocos años este método existía en algunas casas donde se tenían domésticas, casi de por vida, a quienes solamente se les daba el vestido y la alimentación.

LAS ENCOMIENDAS:

Vino después el régimen de las encomiendas, que para los colonos era una simple institución para aprovecharse del indio. Había nacido este sistema en las Antillas en 1503 y  como favorecía al dominio de la Real Corona, llegó a extenderse pronto por toda la América conquistada, a pesar de la resistencia de los naturales contra esta legalizada injusticia y atropello de derechos.

Consistían las encomiendas en colocar, bajo la autoridad de un español a los pueblos o tribus indígenas, con el fin, según la ley que las reglamentaba, de proporcionarles educación cristiana, a cambio del trabajo personal que se asignaba a los indios y el pago de un tributo. Los encomenderos debían obligarse, bajo juramento, a tratar con benignidad a los naturales a quienes debían proveer de curas doctrineros y a quienes debían suministrar todo lo necesario para el culto divino.

Las encomiendas fueron inicialmente entidades administrativas a favor y provecho de los españoles, quienes no comprendían que las tierras seguían siendo propiedad de los indígenas. Según la letra de la disposición real, el encomendero no era amo o señor de sus encomendados y no podía ejercer sobre ellos autoridad civil ni penal; pero, en la realidad, las encomiendas no fueron sino instituciones para ir paulatinamente desposeyendo a los indígenas y convirtiéndolos de amos en esclavos, ya como trabajadores de los encomenderos, ya pagando a éstos impuestos excesivos, que no pocas veces provocaron revueltas de los naturales, en las  cuales éstos siempre llevaban  “las de perder” y muchas veces se les castigaba su indolencia con nuevos tributos. Por esto se resignaba el indio al poderío absoluto de sus amos para no empeorar su situación.

Eran muchas las obligaciones del cacique y su tribu,  que prácticamente trabajaban en exclusiva para el encomendero con detrimento de su propia familia, ya que el inventario de impuestos era tan excesiva, y según los climas variaba, en la ofrenda de diversos productos, que se concluye que estos señores, los encomenderos, llevaban una vida principesca, que fueron pocos los que no se excedieron en los impuestos cobrando mas a los pobres indios para favorecer sus arcas en detrimento del bienestar económico, moral y cultural de sus encomendados.

EL SERVICIO PERSONAL:

El servicio personal era una de las cargas más detrimentes para el indio: era el trabajo forzado y sin remuneración a favor del encomendero, era, por consiguiente, una disimulada esclavitud. Por estos las “nuevas leyes” lo prohibieron, y ante la insistencia de los amos, en 1649 se volvió a publicar esta prohibición: el indio tenía derecho a contratar libremente su trabajo y a recibir por él una justa remuneración.

Cuáles fueron las Nuevas Leyes?  La situación de los indígenas no dejaba muy tranquilo a los hispanos y menos a los  defensores de los indios, entre ellos al famoso Obispo Bartolomé de las Casas. Por esto se reunió en Valladolid una junta, bajo la presidencia del  Cardenal Loayza, sin intervención del Consejo de Indias en la cual se redactó el Código de las llamadas Leyes Nuevas, que se promulgó el 20 de noviembre de 1542.

Entresacamos los principales, que teniendo fuerza de ley en todos los dominios, lo eran también válidas para toda la provincia de la familia de nuestros Guanes:

- “Que el Consejo tenga siempre atención, sobretodo de la conservación, buen gobierno y tratamiento de los indios, porque han de ser tratados como personas libres y vasallos reales”.

- “Que por ninguna causa de guerra no se pueda hacer esclavo al indio, sino que sean tratados como vasallos reales de la Corona de Castilla”.

- “Que ninguna persona se pueda servir de los indios por vía de naborías, ni de otro modo alguno, contra su voluntad.

- “Que las Audiencias pregonen libertad a los indios que fueren esclavos, si las personas que los tuvieran no mostraren títulos legítimos.

- “Que los indios no se carguen o sea su carga moderada, sin peligro de su vida y salud y que se les pague su trabajo y lo hagan voluntariamente.

- “Que mereciendo los encomenderos ser privados de sus repartimientos por los malos tratos hechos a los indios…, se los quiten y los pongan en la Real Corona”.

Se ordena también que es necesario obtener licencia para hacer nuevos descubrimientos y que “so pena de muerte” no se lleven indios esclavos, sino 3 ó 4 voluntarios intérpretes y que no se tome nada de los indios.

Estas Leyes demuestran el interés de la Corona Real por el bienestar de los indios y el respeto a los derechos humanos;  pero, se quedaron escritas y en nada cambiaron la condición de vida de los indígenas. Las Nuevas Leyes fueron conocidas en el nuevo reino antes de la promulgación oficial y causaron un gran malestar entre los españoles, sobretodo en lo relacionado con el servicio personal.

Venero de Leiva pregonó entonces un auto por el cual reprobaba el abuso del servicio personal y condenaba a quienes lo infringieran, con la pena de doscientos azotes.  Cuando se dio este pregón había varios españoles en la esquina de la Calle Real, quienes al sentirse aludidos y al grito del Capitán Zorro, “voto a Dios, señores capitanes, que todos seremos azotados”, se dirigieron a la casa de la Real Audiencia armando tal alboroto que el Oidor, Melchor Pérez, terminó echando al fuego el auto del  Señor Venero de Leiva.

Este servicio personal fue una dura carga para los naturales; así, el 7 de julio de 1617, el Cacique de Coratá, del actual territorio de Guane, se dirigió al visitador general, Dr. Lesmes de Espinosa, con la siguiente petición:  “El Cacique y los capitanes del pié del peñasco, encomienda de Sancho de Angulo, decimos que nosotros estamos cansados y fatigados de los servicios en que hasta ahora se han ocupado ellos y sus mujeres (los indios), pues ellos son personas libres, suplican a Vuestra Majestad de quitarles del dicho servicio personal y si alguno lo quisiere sea pagándoles lo que sea justo y en ello recibirán merced con justicia”.

CONGRESO EN SANTA FE PARA ABOLIR EL SERVICIO PERSONAL:

El Presidente, Andrés Díaz Venero de Leiva y los oidores, para tratar de armonizar el mandato real con las pretensiones de los españoles, dispusieron realizar una de las más interesantes reuniones de la Colonia, en la misma Catedral de Santa Fe con la asistencia de las personas más prestantes de la ciudad, tanto de la parte civil, como de la eclesiástica. Allí tomaron asiento, de un lado los defensores de los indios, y del otro los conquistadores, encomenderos y procuradores de los pueblos, hasta entonces existentes.

Por parte de los indios estaban: el Arzobispo Barrios y otros Obispos, el Presidente del Nuevo Reino, los Oidores, los superiores de las Órdenes de Santo Domingo y San Francisco.  En la contraparte estaba, nada menos que don Gonzalo Jiménez de Quesada, el Mariscal Hernán Vanegas, varios capitanes, encomenderos y caballeros de la nobleza española.  El Presidente,  testigo de otros mítines sucedidos cuando de la defensa de los indios se trataba, ordenó que estuviera en el recinto un destacamento de soldados para calmar cualquier desorden que llegara a presentarse.

En primer lugar se leyeron las Cédulas Reales que hablaban a favor de los naturales; los teólogos y letrados trajeron a consideración muchos textos bíblicos relacionados con la libertad de los esclavos;  como de parte de los indios estaban las más altas autoridades de la Iglesia y de representantes del Rey, el triunfo de este prestigioso grupo fue total: se resolvió conmutar el servicio personal en mayores tributos reales, del cual participaban los encomenderos.  Esta disposición sirvió para que fueran gravados con más impuestos los pobres indígenas; se salvó la dignidad humana, suprimiendo el “servicio personal” y se mejoró un tanto su condición, pero mientras existieran las encomiendas era imposible salvar por un todo la libertad y los derechos de los naturales.

LOS MITAYOS:

De alguna manera los españoles tenían que valerse del trabajo de los indios;  al suprimirse el “servicio personal”, el sistema de las encomiendas hizo que los encomenderos aprovecharan exclusivamente el trabajo de los indígenas, provocando una grave escasez de mano de obra dejando a los particulares sin obreros; se levantó entonces una grave oposición contra los encomenderos y llovieron de la Corte las acusaciones contra ellos, llevando a las autoridades a implantar el trabajo  obligatorio, llamado “la mita”; consistía en que todas las comunidades indígenas debían dar cierto número de sus integrantes para alquilarse por un tiempo fijo a toda clase de trabajos.

La autoridad pública hacia la adjudicación de estos mitayos a quienes los solicitaban; del escaso salario, si acaso les pagaban, debían pagar el tributo para la Corona Real y para su encomendero.  Cada Cacique debía enviar la tercera parte de sus súbditos, entre los 20 y 50 años de edad, para trabajar por turnos de dos meses, especialmente a las minas.

Divididos en tres grupos, solamente correspondía a cada grupo el trabajo forzado cada cuatro meses y les quedaban así ocho meses del año para sus propios cultivos. Así se estableció la clásica  “mita” como la única solución para aprovechar el trabajo de los indios, dejándoles el tiempo necesario para sus labores agrícolas; la palabra “mita” parece ser de origen quechua y significa “una vez”; pero como siempre, no escasearon los abusos de los amos, que muchas veces sólo daban a los mitayos como pago, además del mal trato, escasa ropa y muy mala alimentación.

LOS RESGUARDOS:

Las capitulaciones de los reyes con los conquistadores,  con su secuela de la esclavitud de los indios, suavizada o disimulada por las naborías; luego el funesto sistema de las encomiendas, después los mitayos y, por último los resguardos, fueron los pasos seguidos para llegar a la total extinción de los derechos naturales de los indígenas en sus tierras.

Los naturales se habían reducido considerablemente en número, hasta quedar casi extinguidos en algunas partes, por tanto quedaron muchas tierras desocupadas, que fueron declaradas baldías. En 1573, Felipe II dispuso que estas tierras se vendieran al mejor postor y que quienes poseían tierras sin el título respectivo, debían pagar determinada cantidad para las arcas reales, en calidad de arriendo de las “tierras del Rey”. 

La Corona española tenía sus arcas vacías y necesitaba pagar las deudas contraídas a causa de las guerras que tuvo que sostener con el exterior; además, debía atender a los consiguientes gastos de las construcciones emprendidas por el Rey, como el Palacio del Escorial, que fue construido, en parte, por los impuestos que pesaban sobre los pobres indígenas y las demás cargas que cayeron sobre este Nuevo Reino; por esto, su afán de vender “sus propiedades” en estas tierras vírgenes de América.

La primera medida que se tomó fue delimitar los terrenos, que se creía, necesitaba cada grupo indígena, para su supervivencia. A estas tierras se les llamó “tierras de resguardo”, que llegaron a considerarse, como una tremenda burla, como un “regalo del Rey para los indios”.  Los terrenos restantes, aún cuando estuvieran ocupados por los naturales, eran las sobras o tierras  realengas, palabra que significaba  “tierras de propiedad del Rey”.  Se constituyeron “jueces de tierras”, quienes daban los títulos de propiedad mediante algún dinero para la Corona Real, de los terrenos que habían sido arrebatados a los indios.  Así legalizaron esas usurpaciones revistiendo con capa de “derecho” y prefiriendo a los españoles al hacer estas adjudicaciones.

LOS  IMPUESTOS  REALES

LOS QUINTOS REALES:  La ley ordenaba pagar al Rey la quinta parte de todo el botín recogido en la Conquista: esclavos, oro, perlas preciosas, joyas, etc.; y esto del valor bruto de lo adquirido, sin valorar los gastos de la respectiva expedición. Este impuesto aumentaba hasta la mitad, en el caso de que el oro fuere hallado en las sepulturas indígenas; era frecuente el caso de torturar a los pobres indios para obligarlos a declarar dónde tenían escondidos sus tesoros y cuál era el sitio de la sepultura de sus mayores.

RENTAS ESTANCADAS:  Así se llamaba el recargo en la venta del aguardiente, tabaco, sal, papel sellado, etc,  que se cobraba por el sistema de remates con la consiguiente indignación de los contribuyentes.

LA ALCABALA Era el pago que se hacía al fisco del 2 por ciento, que después se elevó al cuatro por ciento, del valor de todas las ventas, muebles e inmuebles, públicas y privadas. La alcabala era una extensa red de recaudadores que se extendía  hasta los campos. Era el “impuesto a las ventas” de hoy, pero sobre todos los artículos, aún de la pequeña industria familiar.

AVERÍAS:-  Así llamados, porque se destinaban a la conservación y reparación de las naves que surcaban el mar. Era el impuesto, hoy llamado de “aduana”, que recaía sobre todos los artículos que se importaban de Europa o se exportaban del Nuevo Reino.

MEDIA ANATA:-  Felipe IV gravó a los empleados públicos con el pago de la mitad de sus sueldos, durante todo el primer año de su nombramiento.

IMPUESTO DE BARLOVENTO:-  La Real Corona creó, en 1635, la Armada que defendía de los ataques de los piratas a las  Islas Antillanas de Barlovento, hoy de Inglaterra, y para su sostenimiento impuso gravamen a todos los artículos de consumo, que fue necesario soportar hasta cuando los Comuneros exigieron su supresión, en las “Capitulaciones de Zipaquirá”, el 4 de junio de 1781.

TRIBUTO ECLESIASTICO:-  No podían escapar los obispos y sacerdotes de dar su aporte para el sostenimiento de la Real Corona:  en 1561, Felipe II, obtuvo del Papa Pío VI, el pago del “subsidio eclesiástico”, que fue extendido en 1757 a las Indias. Llegó después, en 1619, la llamada “mesada eclesiástica”, que gravaba la duodécima parte de la renta del año, desde el arzobispo hasta el más humilde de los sacerdotes.

LOS DIEZMOS:-  El 16 de diciembre de 1501, a instancias del Rey, Don Fernando, el Papa Alejandro VI, autorizó a la Corte para cobrar los “diezmos eclesiásticos”, pero con la obligación de la autoridad real de sostener el culto y sus ministros.  El 22 de diciembre de 1774, se organizó otra forma de reparto del diezmo: dos novenos para la Corte y el resto para el sostenimiento de las iglesias.

TRIBUTO DIRECTO A LOS INDIGENAS:-  Le economía de España, en la época de la Conquista y de la Colonia no era muy boyante. Y, como siempre se cumple el adagio de que “la avaricia rompe el saco”, el abundante oro llevado de América creó una inflación galopante en la Península, sin la base de la industria y de una buena agricultura: así vivió España una de sus situaciones económicas más difíciles y era por tanto imposible dejar sin tributos a los pobres indios, por   más de que se les privara del pleno goce de sus derechos ciudadanos; así, que Carlos V estableció, en 1523, el “tributo de los indígenas” por cédula, porque según él, “es cosa justa que los indios nos den tributo como nuestros súbditos y vasallos, pues ellos también los daban a sus jefes y principales; mandamos que se les persuada a que por esta razón nos acudan con algún tributo, en moderada cantidad, de los frutos de la tierra y de sus propias joyas”.

Ciertamente los naturales pagaban tributo a sus caciques, pero trabajaban libremente sus tierras y no eran esclavos de nadie; esto olvidó el recaudador encargado, ya que no fue “tan moderada” la cantidad que se impuso a los pobres indios; como “mitayos”, debían dar el trabajo de la tercera parte del año; ahora, debían pagar los “tercios” al Rey, o sea la tercera parte del fruto de sus labores en los ocho meses restantes. 

Por consiguiente,  lo que a ellos les quedaba era prácticamente insuficiente para su propio sostenimiento y el de su familia.  Según la relación que se conserva en el archivo de la Parroquia de Guane, en los volúmenes que van desde 1730, hasta 1819, del  Pago de Tributos a los Indios a la Real Corona, cada año se presentaba el Juez de Cobranzas Reales en la Parroquia; con el afán de que ningún mayor de 18 años se quedara sin tributar, a los jóvenes de 17 años se les anotaba en el censo , al margen, la palabra “Apercibido”, es decir, notificado de que al año siguiente ya debía contribuir para el Rey.

Este impuesto se exigía a los indios per cápita, sin tener en cuenta su situación económica, porque para el Rey no existían diferencias de ninguna clase y el erario real estaba bajo de fondos. Desde 1810, no aparecen registrados más pagos de tributos de los indígenas, posiblemente por aquí también resonó  el grito de Independencia.

EL IDIOMA DE LOS GUANES

Entramos ahora a un tema de gran interés donde trataremos de conocer los elementos que contribuyeron a la constitución racial e idiomática de nuestros aborígenes.  Su procedencia asiática era comúnmente aceptada y existen muchos indicios  que confirman este origen de los pobladores de América; en cuanto a la ruta seguida para llegar a este Continente, los investigadores  se dividen en dos grupos: los que sostienen que la única vía fue el estrecho de Bering, descubierto en 1728; y los que afirman que vinieron por la Antártica  o por la vía transpacífica.

Uno de los primeros cronistas de la Conquista, don Juan de Castellanos, señala la procedencia de nuestros Guanes, indicando la ruta seguida, cuando canta:
           
          “Ansí que los primeros que surgieron
            en estas islas grandes y menores
            vecinos de la tierra firme fueron,
            y como tengo dicho, pescadores;
             pero resta saber por do vinieron
            a la tal tierra firme pobladores,
            pues lo que la ventura nos ofrece
            de principio y origen no carece.

            Los que las tales tierras han poblado,
            acá pasaron por algún estrecho,
            huyendo de algún caso desastrado,
            o ya buscando tierras de provecho,
            entonces el estrecho muy cerrado,
            o hubiese mayo boca después hecho,
            pues suelen en tormenta o en bonanza
            hacer por tiempos mares gran mudanza.

           Por aquí pues pasaron estas gentes
            sirviéndose de balsas por navío,
            o ya fuesen los tales descendientes
            de linajes, gentiles o judíos;
            o indio y gentil hecho parientes
            mezclándose las aguas de los ríos
            y aún esta misma creo que sería
            gente de confusión  y behetría”.

Los Chibchas vinieron por el norte y se radicaron en América Central y Panamá extendieron por la Costa Atlántica y descendieron por la cordillera andina para continuar hacia el Ecuador. La marcha de estos pueblos hacia nuestro continente tuvo que realizarse en épocas muy remotas, porque, supuesto que nuestros antepasados no utilizaron el hierro, ni conocieron el alfabeto, debieron venir en una época anterior a la invención de éste y al empleo de aquel metal, elemento básico para el trabajo del hombre.

Los Guanes eran uno de los grandes grupos que integraban las familias Chibchas, Muiscas o Moscas.  Estas tres dicciones equivalían a “varón”, “persona”, “gente”, o “habitante”, con los cuales los conquistadores españoles llamaron a los habitantes de estas tierras nuevas y aún a su idioma.

El grupo Guane hizo parte del grupo Chibcha,  pero con algunas manifestaciones culturales diferentes a los de sus vecinos del sur, los Muiscas o Moscas.  Así, el dialecto guane, no solo estaba emparentado con el chibcha, sino que era una variedad regional o dialecto de este idioma.  Los Guanes fueron una nación  diferente, con su “constitución civil” propia, pero provenientes de los Chibchas; el idioma era diverso, pero filial de aquella gran familia; sus costumbres y ritos no podían ser exactamente iguales, pero sí, bastante parecidos.

Daban a los lugares y a las cosas, como lo hacían los pueblos orientales, los nombres que designaban las características de cada sitio u objeto e indicaban el fin para el cual se destinaban; era un idioma esencialmente ideológico y metafórico.

No era un idioma muy rico en dicciones, casi todas las palabras eran compuestas, en las cuales cada sílaba tenía su sentido propio y cada dicción llegaba a ser una verdadera frase abreviada. 

Veamos unos ejemplos, primero en las palabras que expresaban los diversos estados: al hombre casado lo llamaban  “a-gui-gua”, o sea, con mujer en la casa; al quedar viudo le decían “a-gui-bgie”, o sea, que tiene la esposa difunta; a la mujer casada le daban el nombre de “a-sajaos-gue”,con marido en la casa; y cuando enviudaba, “a-sajaos-bgie”,, o sea, con el marido difunto.  A la muchacha soltera le daban el expresivo nombre de “ty-gui”, o sea, la mujer en la edad de la canción y la alegría.  En los nombres de los caciques: “Chanchón”, parece significar, “cha”, varón, “cho”, bueno, o sea, varón bueno.

En los nombres de los lugares: Chinántoca (quebrada de Guane), significa: “China”, reluciente; y la terminación, muy usual, “toca”, en lo alto del río; así, este nombre quería decir; “fuente que reluce en lo alto del río”.

Moncogua (antiguo nombre de Guane), significaba: “mon”, baño; “co”, parte baja; “gua”, cerro o cordillera; en sentido completo sería: “baño en la parte baja del cerro”.  La misma etimología de la dicción  Zapatoca, es otro argumento de nuestra vinculación con los Guanes; ha sido admitida por muchos la especie simplista de que el origen de esta palabra  es una formación de “caza pato”, por la laguna que aún presenta fuerte oquedad en la manzana posterior al templo, en otros tiempos inundada de aguas abundantes, frecuentada por numerosos patos, que era la ambiciosa cacería de los aficionados.

Dado el carácter ideológico y descriptivo de aquel idioma, que daba a cada sitio el nombre que le correspondía a las características del lugar, podemos interpretar la palabra ZAPATOCA, en la siguiente forma:

“ZA”, quería decir: “no”, “sin”, o “noche”.

“PA”, era un apócope de “paba” o “pabi”, que significaba “papá”.

“TOCA”, es la terminación de varias dicciones y quería decir “en lo alto del río”.O sea: “no, sin, noche”, representaba para ellos la oscuridad, la muerte; “paba o pabi”, lo designaban para llamar al padre “toca”, en lo alto del río. 

De modo que, en resumen, ZAPATOCA, significaba, para los Guanes: MUERTE DEL PADRE EN LO ALTO DEL RIO; o también,  SEPULTURA DEL PADRE EN LO ALTO DEL RIO.

En relación con la terminación “toca”, (en lo alto del río), veremos el significado de otras palabras con esta terminación:

CHINÁNTOCA, (quebrada de Guane), correspondía a: “China”, reluciente, y “toca”, en lo alto del río; o sea,  “fuente que reluce en lo alto del río.

ARATOCA, (que para los Guanes era ANA-TOCA, ya que la “r” era desconocida en el vocabulario chibcha), significaba “más allá de lo alto del río”.

El nombre de SAIVITA, verdadero nombre del Río Suárez en la época de los Guanes y que, lamentablemente en 1537 se cambió por este último, por la circunstancia, de ninguna significación, de que el caballo del capitán Gonzalo Suárez estuvo a punto de ahogarse y con él, al capitán, en la marcha comandada por Gonzalo Jiménez de Quesada, desde Chipatá hasta Moniquirá, en camino hacia el país de los Chibchas,  significaba entonces, de acuerdo a este dialecto; “saia”, camino de arriba y “vita”, extremo, punta o final. Así, el significado de esta palabra podría ser: “río que viene camino de arriba y aquí termina”, al desembocar en el Chicamocha.  Así, este impetuoso río, con su nombre tan expresivo, era un lazo de unión geográfica entre los Chibchas y los Guanes.

PALABRAS GUANES QUE AUN SE CONSERVAN:

Existe en lo dominios de la antigua Provincia de los Guanes, innumerables veredas, sitios, montañas, ríos o quebradas, que tienen nombre de procedencia indígena, naturalmente alteradas cuya conformación y terminación, de acuerdo al dialecto, nos permiten afirmar, sin temor a equivocarnos, que proceden el idioma guane.

De modo que en el territorio de Santander existen unos lugares o veredas con nombres que nos recuerdan la etimología guane:

En BARICHARA: Butaregua

En BUCARAMANGA: Cachagua, Cuyamata, Chitota, Namota

CABRERA: Bócore, Machamanga.

CINCELADA: Ture, Chagre.

CONFINES.  Corbaraque.

COROMORO: Guayabita, Yama, Menempa.

CURITI: Cantabara, Irapire, Siapore, Cuchicuti.

GUACA. (Sitio de las encomiendas en 1553): Arribuca, Babala, Bobrí, Burco, Criticota, Largua, y otros.  

ONZAGA:-  Caguanoque, Ganivita, Chaguacá, Mompa, y otros.

OIBA:-  Guayacá, Guarí.

SAN GIL:-  Guarigua, Mochuelo.

GUANE:-  Buratá, Carigua, Coratá, Cucal, Chinantota, Lubigará, Moncora, Tamangaro, y otros.

HATO:-  Chirigua, Oroco.

VILLANUEVA:-  Macaregua.

ZAPATOCA:-  Gachaneque, Chocoa, Chimitá.

Dado el carácter totalmente ideológico  del dialecto guane, es muy posible que los apellidos de las familias también tuvieran su valor lingüístico; veremos ahora algunos apellidos de nuestros aborígenes, como una posible contribución al conocimiento de este pueblo; es necesario tener en cuenta la mutación hecha por los españoles de las palabras indígenas, castellanizándolas con la introducción de letras no usabas por los aborígenes; algunos de estos apellidos aún se conservan en esta región.

Las personas que aún ostentan algunos apellidos no se deben avergonzar de ello, su sangre no debe adelgazarse porque llevan en sus venas la herencia de los Guanes, del pueblo más civilizado y valeroso que hallaron los españoles, en los dilatados confines de nuestra madre patria:

ALQUICHIRI, ARAQUE, BACAREO, BORACHE (o Brache), CABARIQUE, CACHOPO, CHACO, GUARACAO, GUARTERO, GUATECIQUE, INE, IZAQUITA, NOA, QUECHO, SINUCO, TANGUA, TINJACÁ, USECHE.

Otros muchos han desaparecido, por qué?  Muchos fueron sepultados con quienes los llevaban y otros los han modernizado: los CHACO, quieren apellidarse CHACON; los NOA, por NOVAS y los CABARIQUE, por CAVARIK.

EXTINCION DE LOS IDIOMAS PRIMITIVOS DEL NUEVO REINO:

Varias causas sepultaron en el olvido los idiomas de los naturales del Nuevo Reino y muy particularmente de los Guanes; en primer lugar, la facilidad de los indígenas para aprender el español, como idioma de quienes dominaban y gobernaban estas tierras y por la multiplicidad de dialectos para cada una de las regiones, contra un idioma único.

A la facilidad de los indios para adoptar como idioma el castellano, se agregó más tarde la orden del Rey de abrir escuelas en todos los pueblos, donde se debía enseñar a los indios el idioma oficial del Nuevo Reino.

Por cédula del 24 de abril de 1641, se ordenó al Arzobispo Torres que mandara a todos los misioneros a enseñar a los indios el castellano; se dio el caso de un visitador arzobispal, Bartolomé del Río, que consignó en su Acta de visita pastoral esta orden:  “Que de aquí en adelante haya escuela donde a tiempo los muchachos vinieren a ser doctrinados, el padre les enseñe a hablar castellano declarándoles los vocablos, no consintiendo que hablen en su lengua, haciendo azotar a los que hablaren dentro o fuera de la iglesia”.

Así se vieron obligados los naturales a aprender el idioma de Castilla, que empleaban en sus relaciones con los hispanos, mientras ellos usaban siempre su propio dialecto.

LA IGLESIA CONTRIBUYO A LA CONSERVACION DE LOS IDIOMAS PRIMITIVOS:

En la Cédula Magna sobre el Patronato Real, expedida el primero (1º) de junio de 1574, se mandaba a las autoridades del Nuevo Reino que, para la provisión de las doctrinas se escogieran clérigos conocedores del idioma de los indios. 

La anterior disposición fue reforzada por otra Cédula de Felipe II de 1580, en la cual dice así: “Ordenamos que ningún religioso pueda servir en la evangelización sin saber la lengua de los naturales”.  Así correspondió a la Iglesia y sus misioneros la labor de estudiar, hasta donde fue posible,  los diversos idiomas y dialectos indígenas para poderlos evangelizar.

El Arzobispo franciscano, Luis Zapata de Cárdenas, ordenó al Presbítero, Miguel de Espejo, Tesorero de la Catedral de Santa Fe, elaborara un Catecismo muy sencillo para la instrucción religiosa de los aborígenes y que fuera traducido a las lenguas nativas de cada comarca, confiando esta tarea a los frailes dominicos.

El Segundo Sínodo de Santa Fe, celebrado el agosto de 1606, establece que se debe enseñar a los indios la doctrina cristiana en su propia lengua y ordena que esta disposición tenga vigencia dos meses después de la publicación de las Actas del Sínodo, para lo cual dice: “Existe una traducción hecha por personas inteligentes que está aprobada”.

HASTA CUANDO SE CONSERVO EL IDIOMA GUANE:

En la visita pastoral del Arzobispo Hernando Arias de Ugarte a Moncora (Guane), en mayo de 1623, sirvió como intérprete para la predicación evangélica el indio ladino Domingo Alquichire; pero, entre las observaciones que hizo el prelado al cura doctrinero Alonso Ortiz Galeano, figuraba la de “no tener el Catecismo, ni confesor en la lengua indígena, aunque tenía muy bien instruido a los indios”.

Según refieren los historiadores, a fines del siglo XVII, en las regiones de Cartagena, Santa Marta, Mérida, Pamplona y Hoya del Magdalena, sólo se hablaba la lengua española, a la cual se acostumbraron tanto los indios que “tenían por desaire hablar algún término de sus lenguas nativas en presencia de los españoles”.  Y continúa el historiador: “sólo en la nación de los Moscas se tiene el uso de su lengua, por la variabilidad que ha habido en destruirla”.  De esta manera podemos concluir que en esa época, en Guane, familia real de los Moscas o Chibchas, se conservaba el propio idioma indígena.

Para remate del empeño increíble de acabar del todo con el idioma de los naturales, “la Corte dictó la Cédula Real del 10 de mayo de 1783, que prohibía rotundamente el uso de dialectos indígenas y ordenaba cerrar las escuelas donde se enseñaban las lenguas primitivas y  a todos los súbditos del Nuevo Reino emplear únicamente el idioma español”.

LA CULTURA GUANE

Nuestros Guanes no dejaron monumentos grandiosos, pero sí muestras de una cultura superior por encima de muchas otras familias que, sobretodo,  habitaron en la costas; llamarlos “salvajes”, no solamente es una ofensa a nuestros antepasados, sino a la verdad histórica.  A propósito de la cultura de los Guanes, en su libro “América, tierra firme”, el Dr. German Arciniegas, sostiene la tesis, de que los españoles no descubrieron América, sino que la sepultaron; porque descubrir un continente es, ante todo, indagar y estudiar la cultura de sus habitantes, darla a conocer al mundo, estimularla y orientarla en su desarrollo y conservarla para la posteridad; a los conquistadores los animaba únicamente la codicia, apoyada por la crueldad, más nunca el cuidado o la curiosidad siquiera de indagar por las costumbre y el grado de civilización que hubiera podido alcanzar sus desgraciadas víctimas, perdiéndose así  un cuantioso tesoro de prehistoria colombiana.

Condominio Campestre ALTOS DE GACHANEQUE, Zapatoca, Colombia

Suscríbate al GRAN BOLETÍN DE AMIGOS

Suscríbase al GRAN BOLETÍN DE AMIGOSCada 15 días te enviamos a tu correo los nuevos temas de ZAPATOCA.COM, con regalos, con sorpresas y con el cariño ZAPATOCA que llega a más de 10.000 suscriptores activos.

Llena con tus datos el siguiente formulario y de inmediato recibes un correo que te invita a CONFIRMAR que solicitaste la suscripción, mediante un clic en un enlace que aparece en el mensaje. Asegúrate de escribir correctamente tus datos, en el siguiente formulario.

En cada boletín que recibes, en caso de que NO quieras seguir recibiéndolo, conservas el derecho de DARTE DE BAJA de manera automática y sin trámites molestos. De nuestra parte, procuraremos que su contenido sea agradable para conservar la oportunidad de que no te desuscribas.

Si no entiendes la palabra anterior, click aquí
:
:

Powered by GetResponse email marketing software

 


ANUNCIE SU EMPRESA EN EL GRAN BOLETÍN DE AMIGOS


Queremos Ayudarte a Encontrar lo que Buscas

 Si llegaste al presente tema mediante la búsqueda en Motores (Google, Yahoo, Live, Altavista, etc.) y no te satisfizo lo que acabas de ver, para tu comodidad te brindamos a continuación el Buscador de Google. Échale un vistazo a las Webs Amigas que en ocasiones también pueden tratar el tema que estás buscando.

Gracias por tu visita a ZAPATOCA.COM. Esperamos que haya sido de tu agrado y esperamos tu pronto regreso.

Google
 
 

Antiguo Parque de Zapatoca Parque Actual de Zapatoca visto desde una de las Torres de la Iglesia de San Joaquín (2008) Saulo Toledo Plata, Presidente EULALIA SERRANO ARDILA, Tesorera LIBARDO LEÓN GUARÍN, Fiscal CÉSAR ARDILA GÓMEZ, Vice-Presidente MARIO GÓMEZ LIZARAZO, Directivo