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EL PUEBLO DE LOS GUANES

Carmen Rosa Pinilla Díaz - Secretaria General - Centro de Historia de Zapatoca

Carmen Rosa Pinilla Díaz - Secretaria General - Centro de Historia de Zapatoca

CAUSAS DE LA DESAPARICION DE LOS INDIGENAS

EL ÚNICO MOTIVO DE LOS CONQUISTADORESInfortunadamente muchos datos importantes de la Conquista se quedaron sepultados en el silencio de los siglos, debido a la rigurosa censura de la corte española, acerca de los libros que se escribieron sobre el descubrimiento y posesión de las tierras de América.  Por esto se excluyó una conquista justa e inteligente, que respetando los derechos naturales de los indios, fuera llevando lentamente por los caminos de la nueva civilización a esas muchedumbres de gentes, que desde hacía muchos siglos habitaban estas tierras y eran por tanto sus legítimos poseedores.

El aborigen constituía  una materia prima aprovechable para la vida civilizada; si en lugar de aniquilar ese potencial humano, el colonizador español hubiera tratado de comprenderlo, de sacar partido de sus atributos de malicia e inteligencia, quizás el destino de América hubiera tomado un rumbo muy diferente.  Tan prolongada  permanencia de nuestros aborígenes y de sus antepasados en estas “sus tierras”, es un innegable argumento de que en la época de la Conquista eran muchos los  habitantes de estas regiones y que tenían una cultura propia y perfeccionada por el transcurso de los siglos.

INDIO YARIGUÍLos Guanes tuvieron que sufrir muchas veces las acometidas de sus colindantes, los terribles YARIGUÍES, que se distinguían por su gran belicosidad. Aún después de la Conquista, el encomendero de SANCOTEO, región actual del Socorro, tuvo que llevar a sus indios encomendados para que residieran en Moncora por temor a que los Yariguies acabaran con ellos.

Una causa de mortandad entre los indígenas fueron  las enfermedades y epidemias que causaban frecuentes muertos por falta de medicamentos científicos apropiados. La Colonia, precursora de la muerte, no solamente impidió el crecimiento de la población indígena, sino que en muchas partes llegó casi a exterminarla o al menos a diezmarla en forma inclemente. Las expediciones españolas avanzaban pisoteando millares de cadáveres indígenas, a quienes mataban por el crimen de defender la legítima y milenaria posesión comunitaria de sus tierras.   

Los europeos traían consigo muchas epidemias y enfermedades: la viruela, el tifus, la lepra y varias enfermedades pulmonares y venéreas, que dada la precaria situación de los vida de los naturales y la casi total carencia de los elementos médicos apropiados, diezmaron considerablemente la población; en el año 1558, comenzó una grave epidemia de viruela muy contagiosa en que murieron, sobretodo en el Nuevo Reino más de 15.000 de los naturales y se propagó en tal forma, que duró cerca de tres años  haciendo miles de víctimas.  También podemos añadir que el haber arrebatado a los indios sus labranzas y sus mejores tierras para la agricultura, el rigor en el cobro de impuestos a los indios sin mirar sus condiciones económicas, aun cuando la voracidad hispánica los había reducido a todos a la miseria,  hicieron que muchos murieran por desnutrición y sus consecuencias.

Existió otra causa que contribuyó al casi exterminio de los indígenas: la explotación de las minas de oro: a los españoles les faltaban brazos en los climas ardientes, por lo cual se obligó a los indios de las tierras altas al  duro trabajo de los climas cálidos y húmedos, a que no estaban acostumbrados. De manera, que el exceso de trabajo, el paludismo que los hizo sus víctimas, la tristeza de verse sujetos a la esclavitud, la debilidad física consecuente de la mala alimentación, la peste que se cebó en los desdichados indios y los que prefirieron el suicidio a una existencia de oprobio y miseria,  fueron los agentes de que se valió la muerte para empezar a despoblar los pueblos conquistados.

Es históricamente cierto que los encomenderos llevaron a muchos indios de estas regiones para extraer  el oro de las ricas arenas del llamado “Río de Oro”, hacia el sitio donde hoy se levanta San Juan de Girón: en un rancherío había un grupo de cabañas a la que llamaban GUANENTÁ; entre los rancheríos de Chimitá y Guanentá había otra agrupación de bohíos que llamaban CARAOTA, donde habitaban los mineros de la actual ciudad de El Socorro; otro rancherío alojaba los indios de CHANCHÓN  y por tal razón llevaba este nombre; el grupo más numeroso entre los Guanes, al mando de Pedro Martín, llevaba el nombre de MONCOARA.

No fueron pocos los abusos cometidos contra los pobres indios en la explotación de las minas de oro que provocó una revuelta entre ellos: FUE LA PRIMERA  HUELGA DE OBREROS EN LAS TIERRAS DE SANTANDER,  pero esta sí por justas  razones, pues  no se resignaron a soportar en silencio las injusticias de que eran víctimas por parte de los ambiciosos encomenderos; el historiador Otero D´Acosta cree que la rebelión partió del Guane central y de allí el trueno llegó retumbando hacia el Río de Oro, o sea el más lejano confín hacia la parte septentrional.

Lo cierto es que bien pronto cayó sobre ellos el castigo de su rebelión: fueron dominados por una fuerza  más destructora  pues tuvieron que seguir su tarea de mineros, tanto mas dura, cuando no siempre se les pagaba su sacrificado trabajo. El último censo de los indios de Guane, hecho el 13 de marzo de 1810 por el Juez de Cobranzas Reales, dio un total de 1824 indígenas, en las parcialidades de Moncora, Guanentá, Butaregua, Coratá y Chagüete; este censo fue exclusivo para los indios, porque después se hizo el censo de los hispanos. En este censo indígena estaban incluidos los pocos sobrevivientes  de la gran tribu de Chanchón, que habían sido reducidos a la encomienda de Guane en 1751; en 1778, aún existían los grupos de indígenas de Bucaramanga, Onzaga y Curití, cuyos integrantes recibieron la orden del Virreinato de trasladarse a Guane.

 

HISTORIA DE LOS GUANES

FÍSICO DE LOS GUANES:

Fray Pedro Simón  ponderaba así la buena presentación y atractivo de los habitantes de esta región: “Eran los indios bien dispuestos, de buenas caras y más blancos, que colorados; sus mujeres, de muy buen parecer, blancas y bien dispuestas y más amorosas de lo que era menester, en especial con los españoles; eran todos estos naturales, hombres como mujeres, la mayor parte de  hermosos rostros, unos con  ojos claros,   y particularmente en la región de Guane y Chanchón, como en la Provincia de Vélez.

Los conceptos de los historiadores dan mayoría de votos al buen parecer de nuestros Guanes, pero  nos permiten concluir, que dada la diversidad de tribus que componían la provincia y el vivir unos bajo los ardientes rayos del sol, en las hoyas del Chicamocha o del Saravita y otros recibiendo el aire frío de las cordilleras, no es posible catalogar a todos los naturales del reino de los Guanes como “de linda y agraciada compostura”.

Por el estudio de los materiales osteológicos encontrados en las cuevas sepulcrales de los Guanes, se advierte que los cuerpos de los hombres eran fuertes y algunos alcanzaban una estatura de un metro con sesenta centímetros; la dentadura, era en general muy buena; en los cráneos encontrados se ven muy buenos molares, aún perfectamente sanos.

MANERA DE VESTIR DE LOS GUANES:

HAZ CLIC PARA AGRANDARLos Guanes, de agrupación y dialecto diversos de los Chibchas, eran sin embargo de la misma familia y con ellos se distinguían de las otras agrupaciones indígenas por su mayor grado de civilización, demostrado, entre otras cosas, por el vestido; mientras otras familias primitivas sólo usaban el guayuco o únicamente un tapa sexo, los Guanes y los Chibchas se vestían con mantas de hilo; los historiadores nos dicen que  “los conquistadores y sus soldados hallaron al llegar a los umbrales de Guane a multitud de indios vestidos con telas de algodón y que en el aseo de los trajes daban muestras de costumbres más honestas que las que habían experimentado en el resto de los pueblos que habitaban en la costa.

Llevaban, tanto hombres, como mujeres, una manta ceñida a la cintura y otra que pendía del hombro izquierdo, donde la unían con un nudo; y los caciques y los principales de la tribu y sus mujeres unían el manto con alfileres de oro y lo llevaban largo hasta los tobillos. El cacique podía conceder esto mismo a los que se distinguían por su valentía.

En cuanto al cabello, hombres y mujeres los llevaban largos: los varones hasta los hombros y partido en dos en carrera por la mitad; las mujeres lo tenían suelto y una de sus mayores gracias era tenerlo muy largo, y como la humanidad siempre ha sido vanidosa, procuraban disimular el paso atrevido de los años, conservando siempre el cabello negro, mediante el empleo de tintas sumergiéndolo en agua y lejías  fuertes.

CLIC PARA AGRANDAREn relación con la muerte, es de notar que el color del luto era el rojo; por esto, en el fallecimiento de alguno de la tribu se vestían con mantas de este color y teñían su cuerpo con achiote. 

El calzado si fue totalmente desconocido entre nuestros indígenas; por esto, caminando siempre descalzos, tenían los  pies dilatados, los dedos abiertos y las plantas endurecidas, llevando el vestigio de los largos caminos transitados en los años de su vida.

Pero después de la conquista se generalizó el uso de la  alpargata, llegando a crear la industria del calzado con suela cosida de fique y capellada tejida en algodón; en Guane era tan común esta fabricación, que los indios pagaban anualmente como tributo, seis pesos por docena de alpargates.

CLIC PARA AGRANDARSus adornos consistían en narigueras de piedra muy finamente  labrada y para los grandes de la tribu, labradas en oro; orejeras vegetales o de fino metal, collares y brazaletes hechos de huesos muy bien pulimentados y debidamente perforados. Otro de sus adornos eran los cinturones, con los cuales sostenían la manta  que llevaban como túnica, muy sencillos para el común de los Guanes, pero para los principales de la tribu eran tejidos con diferentes colores.

Los adornos en oro, escasos entre los Guanes, eran propios de los Caciques o Príncipes, o era también algunas veces concedido a sus vasallos, como premio por alguna acción poderosa en defensa de la tribu; también a los sacerdotes o jeques se les adornaba, después de largos días de preparación, con las joyas que correspondían a su cargo.

De modo que es un grave error imaginarnos a los Guanes desnudos o cubiertos con pobres guayucos de hojas de árboles; los numerosos fragmentos de telas que se han encontrado en sus cuevas sepulcrales, el constituir el tejido de mantas una de las fuentes de su economía, su orgullo de usar vestidos de hermosas telas y mantos, tanto más largos y artísticamente tejidos, cuanto mayor era su posición dentro de la tribu, su valentía en las guerras, nos permite contemplarlos elegantemente vestidos, como una de las señales de la avanzada cultura que los hacía descollar sobre otros muchos pueblos, hallados por los españoles en nuestro continente americano.

 

ORGANIZACIÓN CIVIL DE LOS GUANES

ALFARERÍA INDÍGENAEn todo pueblo, por más inculto que sea,  se halla alguna organización civil, la menos rudimentaria. La Provincia de Guane era, entre las que descubrieron los españoles, una de las más adelantadas; por esto es lógico concluir que tenían su gobierno, muy sencillo, pero fuerte y eficaz, ejercido por jefes escogidos entre los mejores sujetos de las tribus.

La constitución social de los Guanes estaba formada por clanes, esto es por grupo de familias del mismo parentesco por línea materna; tanto hombres, como mujeres estaban ligados por línea materna y  por esto pertenecían al clan de la mujer y no del varón, pero vivían con el padre. Varios clanes formaban una tribu y varias tribus una confederación, como la que gobernaba el Cacique Guane.

CUÁL ERA LA CAPITAL DE LA PROVINCIA DE GUANE? 

Don Juan de Castellanos y Fray Pedro Simón dicen que la capital de esta provincia estaba en la MESETA DE GÉRIDA, que para los Guanes significaba “tierra parecida al cielo” y que probablemente se hallaba en la Meseta de los Santos;  geográficamente hablando se cree que la circunstancia de encontrarse La Mesa de los Santos por el territorio del Río Chicamocha de aguas abundantes y con mucho desnivel, su torrente se hacía infranqueable, mal podría ser la capital del imperio. 

En consecuencia, otros historiadores afirman que más probablemente la capital de la provincia se hallaba cerca de la actual población de  Guane, en la caída de la cuchilla “Tierra Negra” y entre los territorios de las actuales veredas de Lubigará, al sur, y Carare, o Butaregua, al norte. Ese lugar está formado por amplias explanadas muy apropiadas para el palacio del Gran Cacique, defendidas por sus costados norte, oriente y sur por altas colinas y por el occidente por una caída muy pendiente hacia el Río Suárez.  

OLLAS DE BARRODe modo que la capital del Imperio de los  Guanes se hallaba situada cerca de Macaregua y Butaregua, en la vía entre los dos. Por otra parte, el nombre del Cacique se originaba por el sitio de residencia del mismo y Guanentá era una región cercana al actual Guane.  Allí, en una roca hay una cueva prácticamente inaccesible, donde una comisión científica penetró hace varios años y lograron hallar rastros de la familia real de los Guanes, que fueron llevados al Museo Nacional en la ciudad de Bogotá.

CUÁLES ERAN LOS LÍMITES DE LA PROVINCIA DE GUANE?

No es fácil delimitarlos, porque unos eran los límites del Reino de los Guanes y otros los que los españoles señalaron a la  provincia. Fray Pedro Simón hace la siguiente descripción, con algunos detalles de interés.

“Está la tierra de Guane distante de la ciudad de Vélez, a la parte de éste veinte leguas escasas, tierra pedregosa, seca y de buen temple, más caliente que fría…; tiene de circunferencia más de diez o doce leguas que comienzan desde una cingla o cordillera que corre norte-sur hacia la parte del este, la cual corta el  Río Sogamoso, grande  y furioso, para pasar al Río Grande de la Magdalena, recibiendo  primero cerca de esta tierra de los Guanes el Río Suárez caudaloso y otro que llaman Chalalá; no tanto llegan sus términos por la parte del norte del  Río de Oro.  Danse en esta tierra toda suerte de ganados con abundancia de granos y frutas de castilla y naturales, en especial en una mesa alta, bien espaciosa que llaman Gérida, donde vivía el señor grande y poderoso que llamaban Guanentá”.

CLIC PARA AGRANDARFijados estos dos extremos, norte y sur, nos atrevemos a señalar los límites más probables de esta provincia: Por el norte tenían como vecinos a los Chitareros, desde la confluencia del Río de Oro con el Suratá, y éste arriba, en dirección oriental, hasta encontrar el filo de la Mesa de Juan Rodríguez y luego bordeando la misma para llegar al Río Guaca.  Continúa por el Oriente rindiendo pleitesía a los Laches, Río Guaca al medio, hasta su caída al Chicamocha; sigue por este último arriba a encontrar el Río Onzaga y sube por el mismo hacia la cordillera en dirección sur.

Por el Sur eran sus colindantes los Chibchas, continuando hacia el Occidente por la cordillera a dar al nacimiento del Río Lenguaruco y por éste, aguas abajo, hasta su confluencia con el Río Saravita o Suárez.

Por el Occidente, Río Suárez al medio, lindando con los Agataes y después con los indomables Yariguies, por  la cordillera del mismo nombre; y por ésta, a dar frente a Zapatoca, para caer luego al Sogamoso; continúa aguas abajo hasta el punto más cercano al Río de Oro y desciende al punto de partida.

CACICAZGOS DESCENDIENTES DE GUANE:

Entre los cacicazgos de Guane podemos contar: subalternos  del señor de Guane y en el extremo norte de sus dominios: Bucarica, Riolato, Chingala, Guaca, Cepetá, Empalá y el importante cacicazgo de Gequica, habitación de los indios Tocareguas. El cacique de Chingala se llamaba ROÑA, nombre posiblemente alterado por los españoles, porque es bien sabido que en el alfabeto chibcha y guane no figuraba la letra “r” y mucho menos con acento fuerte.

En el centro y sur de la provincia guanentina estaba, en primer lugar, el pueblo de Poasaque, con su Cacique Corbaraque; luego se encontraba Pomaraque, cuyo Cacique era Babasquezipa; luego siguen los dominios del Cacique Poima y el valeroso Chalalá; después el indomable Macaregua; poco después el imponente Señor Guanentá  y Butaregua, arisco como sus peñascos. Luego,  por la hoya del Río Saravita se encontraban los cacicazgos de Lubigará, Moncora, Coratá y Chuagüete,  para llegar a los dominios del invencible Chanchón; eran muchos los cacicazgos que formaban esta gran familia que, suponiendo que en la región de Barichara también existiera otro pueblo indígena, serían treinta y dos tribus con sus correspondientes caciques, súbditos todos del Gran Señor Guane.

ELECCIÓN DE LOS CACIQUES

El cacicazgo era hereditario, pero no en la línea recta de padres a hijos, sino en línea transversal, heredando los hijos de las hermanas del cacique. La palabra cacique era posiblemente entre ellos guabxique, que significaba precisamente sobrino, hijos de hermanas; así procuraban conservar la pureza sanguínea del linaje y la descendencia legítima por medio de la madre quien, según ellos, era quien conservaba intacta la autenticidad de la raza.

Solamente cuando no había hijos entre las hermanas del cacique, se escogía uno de los bien dotados y más valerosos miembros de la tribu para asumir el poder, después de haberle dado la instrucción y formación necesarias; esta ley de sucesión de los caciques perdió su vigencia con la conquista española al ser adoctrinados los indígenas y conocer el sistema de sucesión real de las naciones del continente europeo.

COMO SE ELEGIAN LOS CACIQUES:

Cuando los posibles sucesores del cacique llegaban al  uso de la razón y se veía que tenían las cualidades físicas y morales para aspirar a esta dignidad, se les ponía bajo el cuidado de dos ayos y en trato frecuente con los jefes o sacerdotes de la tribu, para que lo fueran formando en la práctica de las buenas costumbres y en las cualidades propias de un buen gobernante.

Al llegar estos candidatos a la edad de 15 ó 16 años, eran sometidos a rigurosos ayunos; para conocer cuál era su fortaleza y dominio de la voluntad, los sometían a un examen público que consistía en: delante de toda la tribu se colocaba una doncella  hermosa y seductora, completamente desnuda y ante ella se traían los candidatos con “el solo vestido que les dio la naturaleza”; aquel que supiera contenerse, sin tener ningún movimiento sexual, tanto en su persona, como en su cuerpo, era el escogido. Así hacían comprender cómo al cacique se le exigía un gran dominio de sí mismo y una gran virtud, para que fuera ejemplo de la tribu.

AUTORIDAD DE LOS CACIQUES:

La autoridad del cacique era considerada de origen sagrado y creían que su poderío procedía del Sol y de la Luna, por esto se les respetaba muchísimo y se les obedecía ciegamente. Se le tenía tanto respeto que sus vasallos no se atrevían a mirarlo de frente y cuando le llevaban algún presente o necesitaban hablar con él nunca podían mirarlo a la cara, entraban profundamente inclinados, hablaban con él y luego, vueltos de espaldas abandonaban el recinto.

DESORGANIZACION DE LOS CACICAZGOS:

Naturalmente la autoridad y los derechos de los caciques fueron disminuyendo hasta desaparecer, al ser suplantada la soberanía de ellos por los encomenderos y sobretodo al ser sacrificados muchos de los jefes indígenas.

No es de extrañar, entonces, las consecuencias funestas de la desorganización de todos aquellos antiguos pueblos, y los desórdenes que se presentaron en los mismos grupos indígenas, sin autoridades propias que los dirigieran; en el año 1730, en los censos que hacían los  jueces de cobranzas reales en los pueblos de los Guanes, ya no aparece el título de cacique. Las parcialidades o pueblos de indios eran gobernados, en lo civil, por un alcalde  o una autoridad policial.

LEYES CIVILES Y PENALES:

Mujeres IndiasNuestros antepasados tenían, como todo ser humano, su moral natural, que con el tiempo fue adquiriendo estructura jurídica y cuyas transgresiones eran castigadas con tremendas penas, incluso con la muerte:

  1. Cuando alguno mataba culpablemente a otro debía también morir, aunque le perdonasen los parientes del muerto, pues decían que Dios es el único dueño de la vida del hombre y por consiguiente los hombres no podían perdonar al homicida, sino solamente Dios. Naturalmente esta norma sólo era válida fuera de las guerras, en las cuales no tenía ninguna medida la ira de los combatientes, hasta llegar a destruir, si fuera posible, una tribu a otra.
  2. En cuanto a la vida familiar, los indios eran extremadamente celosos con sus mujeres; a la que creían infiel la hacían comer a toda  prisa ají, con lo cual se quemaban sus entrañas y entonces la ponían en confesión de su delito; si se declaraba culpable era condenada a muerte. En cambio, si manifestaba ser inocente, le hacían grandes fiestas para premiar su virtud. Así mismo el hombre adúltero era casi siempre condenado a muerte, pero si era rico, debía darle al esposo o familia de la ofendida,  mantas  objetos de oro, de los cuales éste debía hacer partícipe al cacique, quien era el que conmutaba la pena.

-  Eran estrictamente respetuosos de los bienes ajenos, por lo cual castigaban    severamente a los ladrones, con mutilaciones corporales con lo cual quedaban señalados de por vida. Muy grave era el castigo para los ladrones que recaían por tercera vez en el delito: el cacique los hacía atar fuertemente a un madero alto y ordenaba que se le matara a flechazos.

Todos estos castigos hacían que los Chibchas, y por consiguiente los Guanes, fueran de vida ordenada y naturalmente buena; lo que no sucedía con los indios de otras regiones, abandonados a los caprichos de su pobre naturaleza.

Condominio Campestre ALTOS DE GACHANEQUE, Zapatoca, Colombia

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